sábado, 10 de julio de 2010

POR QUE CELEBRAR UN CUARTO PUESTO



Recien se acababa el partido entre la seleccion uruguaya y la de alemania y aunque le parecio loco a las personas que se encontraban junto a mi viendo el partido, me puse de pie y aplaudi durante un largo rato el desempeño de esta asombroso "celeste", la misma que cuando llego todos pensaban que se iba en primera ronda y al final se queda con un honroso cuarto puesto, para decirlo en diferente maneras considero que Alemania no merecio el tercer puesto a pesar de lo que demostraron Muller, Ozil y esa estrella que es Bastian Shweisteinger; que Uruguay dio lucha hasta el final a pesar de que esta vez la suerte que ahora parece ser la dicta un pulpo; no fue sorpresa ver a la zaga uruguaya con el desempeño demostrado durante todo el mundial con una revelacion para mi como lo fue el jugador Victorino que iba a todas con lealtad a la pelota no al cuerpo, tambien el despliegue de Lugano,Cavani, Suarez y Pereira, punto aparte queda Diego Forlan venia precedido de una fama a la que hizo honor, fino para el remate, audaz, habil, generoso con la pelota y con el equipo, cuando hubo que sacrificarse lo hizo y fue el alma en donde giro este equipo, leia en una columna hace unas semanas hablar sobre la posibilidad de un Uruguay campeon del mundo y por lo menos ha quedado demostrado que cuando en un equipo se dejan de lado las divinidades, los conflictos y demas, se puede lograr cosas grandes, se puede pecar de conformistas y decirnos "hey es un cuarto puesto" y yo respondo si es un cuarto puesto pero saben desde cuando esta seleccion no figuraba en este planeta, para el Maestro Tabarez nos enseño que no hace falta encerrarse con los once atras para ganar, que a los grandes tambien se les puede pintar la cara y jugarles de igual a igual, hoy me converti en un uruguayo mas a pesar de que soy ecuatoriano, me decia mientras veia el partido si Maradona hubiera planteado asi a la Argentina talvez otro seria el resultado, salud charruas, que este cuarto puesto durara cuatro años, pero la forma en la que jugaron este mundial ya quedo en la historia.

Christian Espinoza

viernes, 22 de enero de 2010

UN SABINA REINVENTADO


Presentación de Vinagre y rosas. Con Antonio García de Diego (guitarras, teclados, percusión), Pancho Varona (bajo, guitarrón mariachi), Jaime Azua (guitarra eléctrica), Marita Barros (coros), Pedro Barceló (batería y percusión) y José Misagaste (saxo y clarinete). Anteayer, en el estadio de Boca Juniors.
Nuestra opinión: muy bueno

A Joaquín Sabina se le nota esa felicidad doméstica por la que está transitando. Se le nota cuando canta, cuando se desliza con fluidez sobre el escenario y cuando se conecta con el nervio de esas canciones que respiran Dylan, Chavela Vargas, blues, ranchera, tango, rumba y rocanrol: canciones que de tan autobiográficas vuelven a sonar nuevas -como un déjà vu de mil historias conectadas entre sí- para esa legión de cuarenta mil almas reunidas en la Bombonera en la presentación del disco Vinagre y rosas .

Con sesenta años (y no se trata de un puñal para Sabina y sus fanáticas), el madrileño y sus canciones parecen rejuvenecer con el tiempo y lograr una empatía envidiable con un público cuyo promedio sigue bajando y se sigue ampliando, a la manera de un ícono autoral como Calamaro.

En su personaje con bombín negro, que podría sonar anticuado o más cercano al bufón de una corte, Sabina se las arregla para lucir rejuvenecido, enamorar con sus canciones a muchachitas que podrían ser sus hijas y causar un magnetismo que barre todas las edades, de aquellos que lo siguen desde discos como Física y química a los que se sumaron a la sabinamanía a partir de 19 días y 500 noches .
Artísticamente, más allá de las críticas poco benevolentes de medios españoles como El País , el madrileño se muestra en uno de sus momentos más inspirados en el vivo. Su banda, que dirigen Pancho Varona y Antonio García de Diego, puede sonar con la impronta de un grupo stone o la calidez de un grupo de mariachis. Junto a ellos Sabina va creando las distintas atmósferas de un show que tiene grandes momentos en el karaoke colectivo de "Y sin embargo", "Calle melancolía" y "Con la frente marchita"; una fiesta stone en "Princesa" y "Embustera", y una buena resaca de despedida para "Y nos dieron la diez" y "Noches de boda".

Sin perder esa impronta de la glosa poética ni de la ocurrencia, Sabina recuerda a Mercedes Sosa, Sandro, Guinzburg, Fontanarrosa y Castello; saluda a Pablo Milanés, presente en el estadio, y recurre a frases que en otro podrían sonar a pura demagogia y que en su caso suenan atendibles: "Quiero la ciudadanía argentina".

Sobre el escenario transmite la credibilidad interpretativa de un crooner maduro y de voz ajada que seduce, conmueve o golpea en cada verso o estribillo: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamas sucedió" o "Lo malo del después son los despojos". A la vez juega con un pulso adolescente gracias a esos himnos rockeros de cancha a los que convoca en las flamantes "Tiramisú de limón" y "Viudita de Clicqout", y más tarde en "Embustera", donde suben los Pereza. Los estrenos de Vinagre y rosas confirman esa capacidad estribillera de Sabina y Benjamín Prado (su coequiper autoral) y la complicidad que rápidamente despiertan en un público que corea como si estuviera en una tribuna de fútbol.
Será porque ahora duerme la siesta, mira televisión o sencillamente se la pasa bien en la vida (a pesar de que eso vaya en contra de su mística noctámbula) que Sabina disfruta de forma consciente todo lo que le pasa, y eso lo traslada como reflejo al escenario.

La importancia de llamarse James Hetfield (y tocar en una banda llamada Metallica)

El tipo es el prototipo del yankee: blanquito, medio conservador en su posición política, miembro de la Asociación del Rifle y cazador, ex pelilargo y ahora un casi cincuentón prolijo y millonario, en el pasado mucho más afecto al alcohol que a las drogas (y en la actualidad limpio de todo vicio), padre de familia, amante del hard rock y del rock sureño, y él mismo líder de una banda metalera. Cuando sale a escena, es imposible no caer hipnotizado en su embrujo, de la mano de su guitarra, que emite sonidos marciales similares a los de una jauría de serruchos (un equivalente en este aspecto puede ser Lemmy Kilminster con su sempiterno bajo Rickenbaker al comando de Motörhead), y su voz visceral, profunda, de varón con mil y una experiencias. Y eso que a su lado tiene a un baterista petiso y cirquero, que busca robarle el protagonismo todo el tiempo de la mano de su artillería heredera de aquellas grandes gestas de los 70 y los tempranos 80; otro guitarrista, muy efectivo en su papel de lead pero a veces afecto a tocar de más (y así, que su talento pase a ser en esos casos más gimnástico que sonoro) y el nuevo, un bajista de aspecto simiesco, hardcore, skater y surfero, que logró lo que hasta hace unos años parecía imposible: revitalizar al combo (Do you remember St. Anger?). Está claro, el personaje central es James Hetfield, y los secundarios Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo. Y así como el cabecilla es Mr. James, es imposible imaginárselo como solista, o tocando con otros tipos que no sean sus compañeros, y viceversa. Ese himno antibélico llamado "One" así lo demuestra, y es el más puro ejemplo de lo que es Metallica: un grupo con las cinco letras de su denominación mejor puestas que ningún otro de su especie, y de otras de esa gran entelequia llamada rock and roll.

Y FINALMENTE SE HIZO JUSTICIA> METALICA EN RIVER


Y finalmente llegó el día. Metallica regresó a River y superó las expectativas de ese público ansioso que quiso volver a verlos después de la decepcionante cancelación de su show en 2003. Sold out, más de 60 mil personas vivieron esta parada del tramo latinoamericano del World Magnetic Tour que, en realidad, significó mucho más que la mera presentación de su último disco, Death Magnetic. Casi treinta años después de su fundación, los cuatro jinetes del thrash metal hicieron honor a su nombre y saciaron la sed heavy de los headbangers argentos. Aquí, un recorrido de diez paradas a través del show.

1- La explosión inicial: River era todo ansiedad. Después de más de diez años de espera y un amague en el medio, la nueva salida de Metallica al escenario del estadio de Nuñez estuvo cargada de muchos significados pero atravesada por la sensación de revancha. El imbatible comienzo con la dupla de Ride the Lightening "Creeping Death" más "For Whom the Bell Tolls", voló más de 60 mil pelucas.

2- La cara de la bestia: James Hetfield es una suerte de monstruo que se come absolutamente todo lo que encuentra en su camino, sin piedad. El tipo, ya lo sabíamos, es un guerrero vikingo: gigantesco, imponente y un verdadero guitar hero. Un gran frontman que sabe moverse, conquistar (véase punto 8) y, sobre todo, adecuar sus cuerdas vocales que siguen en forma a pesar de sus tres décadas de uso.

3- Master of Puppets: que Lars Ulrich es a un tiempo titiritero y columna vertebral queda muy claro en las presentaciones en vivo. Desde su Tama, el danés dirigió esas cabalgatas eternas, uptempo, base necesaria para lograr esa interpenetración de los cuatro instrumentos en un sonido superior (el final de "That Was Just Your Life" tradujo esta idea a un acto, cuando todos terminaron tocando alrededor del batero). Por otro lado, sus aires de frontman-que-no-fue se notan pero son bien canalizados: en "Harvester of Sorrow", por ejemplo, terminó haciendo su habitual arengue, parado sobre la banqueta.

4- La bestia de cuatro cabezas (o de una más tres, que siempre dan cuatro: leáse apartado). La condensación de cuatro virtuosos del metal da como resultado ese sonido único, compacto, imbatible, denso. Robert Trujillo es un ser misterioso y pelilargo que deambula poseído por el escenario mientras hace milagros con su bajo de cinco cuerdas y agrega gravedad a las letras con sus coros deathmetaleros. Kirk Hammett, por su lado, es el verdadero guitar hero del combo: con sus solos la rompió en "Master of Puppets" y con esa intro de "Nothing Else Matters" y fue el único miembro de la banda presentado por Hetfield y aplaudido por todos.

5- El final de la línea: la presentación de Death Magnetic no se tradujo mucho en la lista de temas que recorrió toda la discografía saltando, como ya lo venían haciendo, el período Load-Reload-St.Anger. "That Was Just Your Life", "The End of The Line", "Cyanide" y "All Nightmare Long" fueron los únicos del último trabajo. Pero, claro, se complementaron con clásicos como "Master of Puppets", "Sad But True" y "

6- "One": el pilar de .And Justice For All representó el momento más esperado de la noche. Todo River coreó "Hold my breath as I wish for death" después de que varias explosiones y fuegos artificiales anunciaran la llegada de uno de los himnos metaleros y anti guerra por excelencia.

7- "Enter Sandman": antes de los bises, el gran hit crossover, el que conocen hasta los no seguidores del grupo. Impresionaba ver a todo el campo de juego saltar como si la masa fuera sólo una persona que ocupaba el Monumental de arco a arco. Inolvidables la intro guitarrera de Hetfield mostrando su púa a la cámara para así aparecer en la pantalla, haciendo cuernitos con su mano izquierda, y las tremendas explosiones pirotécnicas.

8- James, el sensible. Cada vez que se dirigió al público, Hetfield demostró su humanidad en cada palabra. "Nuestra misión es hacerlos sentir mejor" o "Queremos curar su corazón"-haciendo referencia al concierto fallido de 2003- o "Estamos muy contentos de estar en Buenos Aires esta noche; estamos haciendo historia", fueron algunas de sus intervenciones. Aunque, claro, su verdadera naturaleza triunfó por momentos: "¿Quieren infierno?", preguntó, "¡Metallica les da infierno!".

9- Directo al crematorium. Aunque la puesta no se correspondió con los visto en otros puntos del World Magnetic Tour (no hubo ataúdes, por ejemplo), los efectos completaron la rudimentaria puesta en escena. A los juegos de luces se les sumaron los fuegos artificiales, las explosiones y las llamaradas que adornaron varios tramos del setlist. Nos conformamos con poco.

10- El futuro. "Últimamente estamos algo nostálgicos", confesó Hetfield en la conferencia de prensa, haciendo referencia a cómo el hecho de haber entrado en el Rock and Roll Hall of Fame durante el año pasado, los hizo pensar en el paso del tiempo y en la situación actual de lo que fue la escena metalera de los ochenta. Por eso, justificó la gira europea que llevarán a cabo en junio de este año junto a Megadeth (sí, y bromeó haciéndose el desentendido cuando le preguntaron por Dave Mustaine), Slayer y Anthrax. Y, yendo al futuro más cercano, Hammett comentó cómo les atraía la idea de tocar en lugares chicos, cerrados. Veremos cómo será la experiencia en el Orfeo de Córdoba. Diferente, sin dudas, pero igual de demoledora.

lunes, 18 de enero de 2010

Y EL 10 SIGUE EN DUDA


MAR DEL PLATA.- Toda esta situación de incertidumbre en Boca tiene su correlato en alguien que la alimenta, paradójicamente, sin estar siendo protagonista en la cancha: Juan Román Riquelme. Con su ausencia, limita el potencial del equipo y plantea interrogantes. ¿Cuánto le ofrece a Boca en estas condiciones? ¿Superará definitivamente su lesión y obtendrá la continuidad que él y el conjunto necesitan? ¿Qué pasará cuando venza su contrato a mediados de año?

Por lo pronto, parece que el Nº 10 reaparecerá pasado mañana en esta ciudad, frente a River, por la Copa Desafío. "Prefiero perder los cuatro partidos del verano y ganarle a Argentinos", sostuvo Riquelme, hace unos días, cuando el plantel aún estaba en Buenos Aires, aludiendo a los compromisos de Mar del Plata y al debut en el torneo Clausura. Pero, como lo había anticipado Alfio Basile, el enganche actuará como titular en por lo menos uno de los superclásicos, y los indicios sugieren que lo será en el primero, aun con muy poco fútbol encima en la pretemporada.

Román no hizo todas las tareas físicas a la par de sus compañeros en Tandil. Aún se teme que la fascitis plantar del pie derecho, supuestamente ya curada, reaparezca y haga intermitentes las presencias del enlace en los próximos meses. Por eso, no se ejercitó sobre superficies duras, como en las subidas y bajadas por las piedras de las sierras. Pero casi tampoco practicó fútbol; apenas efectuó algunos trabajos tácticos con pelota en espacios reducidos. Hoy participaría en un partido de ensayo, en una cancha de dimensiones regulares.

Vale recordar que Riquelme no juega desde el 28 de octubre último, cuando se resintió de la vieja dolencia en el período inicial de Boca 3 vs. Chacarita 0. Lleva, entonces, dos meses y medio sin actividad exigente, amén de los muchos encuentros en los que había faltado en todo 2009. Pero él, una de las figuras xeneizes, se hace muy necesario en compromisos delicados, como el superclásico de este miércoles (el otro será el domingo en Mendoza), que en el caso de una derrota intensificaría el clima pesado que aqueja a Boca en estos tiempos.

Pero para Román el desafío es de cuidado. Una recaída en la lesión resultaría un pésimo signo. Perderse muchos compromisos en un semestre que será el último de su contrato no constituiría una seductora invitación a renovarlo, al menos por cifras generosas. Ya bastante le paga mensualmente Boca como para que el 10 tenga tan poca acción en el césped, pues Riquelme no deja de cobrar un sueldo, por más que este tercer año de vínculo con la entidad sea "gratis", según lo que anunció el propio jugador.

Pero hay más. Tras la conquista de la Copa Libertadores en 2007, el futbolista quedó "atrapado" en Villarreal y recomenzó en Boca en enero 2008, por lo que su nexo contractual de tres años debería vencer a fines de 2010. El club xeneize quiso anotarlo para el Mundial de Clubes, cosa que se frustró, pero el entonces presidente, Pedro Pompilio, de afectuosa relación con Riquelme, "reconoció" retroactivamente a éste en el contrato ese medio año en que Román estuvo en España y no en La Boca. Por lo cual, el vínculo vencerá en junio próximo y aquellos números relativos crecen si se considera que el jugador habrá estado dos años y medio, y no los promocionados tres, a disposición de la entidad.

Pero aunque Román es costosísimo para la tesorería xeneize, resulta un intocable. Basile lo embandera como el líder futbolístico de su conjunto, y hace unos días reconoció que el enganche era el único que lo había respaldado en sus difíciles últimos días a cargo del seleccionado argentino. Carlos Bianchi, manager xeneize, dijo desconocer por qué el nexo contractual del mediocampista concluirá en junio y no en diciembre, y ensalzó al talentoso enganche: "Sabemos lo importante que es para el equipo", destacó a uno de los que ocupan los puestos de la "columna vertebral".

En fin. Riquelme estaría a punto de reaparecer, con el soporte de los hombres de peso del club, pero también con el riesgo de resentirse de una lesión traicionera. Y siempre, con el fantasma latente de la división del vestuario. En este presente neblinoso, tiene cosas importantes en juego con miras al semestre. Como Boca.

Las posibles llegadas de Méndez y Ledesma. Los dirigentes de Boca son optimistas en cerrar hoy la incorporación de Jesús Méndez, de Central. Y mañana podrían definir la llegada de Cristian Lobo Ledesma (Olympiacos, de Grecia).

Hace tiempo que ambos futbolistas son pretendidos por Alfio Basile.

MESSCIEN


101, como los dálmatas. 101, más de 100. Porque 100, cuando se tienen apenas 22 años, cuando ni siquiera se es delantero centro, cuando se es lo humilde y generoso que es Leo Messi, es mucho más que 100. Es ‘Messcien’.

Messi ha entrado en la historia del Barça, pero esas cosas no parecen interesarle. También entró en los libros del fútbol y tampoco le dio importancia. Ahora persigue entrar en la historia de Argentina y puede que no lo logre. No por culpa suya, sino por culpa de que, amigo, ese es otro mundo, otro fútbol, otro entrenador, otro equipo.

Messi es quien es gracias al Barça. Y no me refiero, sólo, a esas inyecciones de 600 dólares que le hicieron crecer hasta permitirle ser lo suficientemente pequeño, o grande, enorme, gigante, como para convertirse en la piedra angular de un proyecto que, como él, como sus colegas de generación y equipo, ha terminado por provocar la admiración mundial.

Messi suena a Balón de Oro, suena a dios, a mago, a equilibrista, a trapecista. Suena a eslalom, a carrera continuada con el balón en los pies, a te la enseño y la escondo, te regateo y me voy, la ves y no la tocas, miro hacia allí y me escapo por allá. Suena a trilerismo: sospechas dónde está la bolita y nunca aciertas. La ‘pulga’ la esconde como nadie.

Messi suena a individualismo colectivo, a tipo que puede resolverlo todo de un soplido. Pero Messi sabe que necesita a todos sus segundos apellidos, a Xavi, a Iniesta, a Busquets, a Piqué, a Henry, a Pedro, a Ibra, a todos para seguir sumando, dejar estela y acabar siendo eterno.

Messi sabe que eso sólo se lo da el Barça. Y lo sabe porque lo ha experimentado en su propia carne, en su propia vida, en su crecimiento. Hay quien piensa que Messi, la joya de la corona, el becerro de oro adorado por el fútbol mundial, se irá algún día porque alguien, rico en petrodólares, o rico en informática, pagará lo que no está escrito (o sí, la cláusula es de 250 millones de euros) y él dirá que sí y nos dejará.

Es injusto pensar que Messi aceptaría dejar el Barça. Injusto porque, pese a no tener las raíces de Xavi, Puyol, Piqué, Busquets, Bojan o Valdés, sí tiene el mismo corazón azulgrana.

Hay una litera en La Masia con su nombre, él ha construido más de una torre de ese edificio y, por tanto, cuando Leo marca y se estira la camiseta hasta acercar el escudo del Barça a sus labios lo hace porque lo siente, porque aún no ha descubierto (ciertamente no lo hay) un homenaje ni mejor ni más hermoso que ese.

Messi es, sin quererlo, sin pretenderlo, el ‘rey león’ de esa gran jauría de dálmatas. Decenas de esos 101 goles son de Xavi, de Iniesta, de Henry, de Ibra, de Bojan, de Pedro, de todos. Son y se comportan como una manada. Hambrienta de éxito.

domingo, 17 de enero de 2010

LUIS RUEDA Y EL PESO DE CARGAR CON EL PELO QUINTO


La canción. En su carrera Luis ha presentado temas como Musiquita de mierda, La mala reputación, Mil veces uno, pero hay quienes siguen pidiendo El pelo quinto, un tema que le produce cierta resistencia: “esa canción es un chiste que hicimos con un amigo, un día estábamos borrachos, la grabamos igual como chiste... y de pronto pegó y dijimos chuta bacán... nos abrió las puertas; pero luego todo era Pelo quinto, Pelo quinto... había conciertos que abríamos con ese tema para que la gente a quien no le interesara el resto se vaya de una vez...”.
Al Fruta Bar de la Víctor Emilio Estrada llega Luis Rueda a cumplir con un cachuelo para ese local en su faceta de gráfico -su familia está vinculada a las artes gráficas y él tiene título de publicista-, además para la entrevista con EXPRESIONES, pautada allí.

El personaje de los escenarios, el del cabello rizado y la barba desaliñada, el de La mala reputación y el que carga con el peso de El pelo quinto (tema que le siguen solicitando), se levanta las gafas y conversa sobre lo que sabe hacer: el rock, la música y sobre una vida que, aunque en ocasiones le ha torcido el brazo, la ha sabido gozar. Además cuenta anécdotas como cuando decidió emigrar a España, un viaje que le aclaró el panorama de lo que quería ser; o un paso por Argentina, de donde regresó con su primera producción como solista bajo el brazo y con su esposa Karina.

Para quienes lo identifican como un referente del rock nacional, podría sonar ridículo que el primer LP que compró Rueda fue la banda sonora de Vaselina, pero es que el rock no fue el primer género con el que el músico tuvo contacto. Recuerda que le gustaba mucho cantar y que “en primer grado del San José La Salle ya era parte del coro de la escuela”.

Por sus manos pasaron instrumentos como una guitarra o un órgano y profesores de música, pero entonces no le llamaba la atención, hasta que cuando a los trece años, un amigo de su hermano menor llegó a la casa, vio el órgano y empezó a tocarlo, “...un pelotudo se sienta y toca y yo tengo esto botado, dije; y me puse ahí esa tarde y como que pude tocar mi primera cancioncita, El Chulla quiteño... después me compré un Órgano fácil (guía) y ahí aprendí a tocar acordes, a sacar la melodía”.

Un curso de guitarra posterior también le ayudó. “Fue brutal el rato que ya pude hacer tres acordes seguidos en una canción de Leonardo Favio... y así de manera espontánea comencé a tener la posibilidad de componer, y no paré”.

Hasta entonces recuerda haber hecho de todo: taekwondo, natación, tenis, pero lo que lograba identificarlo y le servía de escape era la música.
Recuerda también haber quemado los equipos de sonido de su casa cuando les conectaba la guitarra eléctrica y subía el volumen al máximo, para el efecto de distorsión. “Me tocó aprender desde cero todo... No tuve hermano mayor, tío, alguien que me diga: así funciona la guitarra eléctrica... Yo creía que como era eléctrica se conectaba al enchufe de la pared. Todo lo aprendí sacando el machete y abriéndome el camino, pero ha sido muy interesante; a la larga esas experiencias te permiten estar mucho mejor parado ante cualquier situación”.

En la época en la que en el país se puso de moda el rock latino, Luis tenía 14 años y formó su primera banda, Sak. “Tenía una inclinación marcada hacia Los Ilegales, era mi banda favorita. Soda Stereo me parecía muy volada y Hombres G, una mariconada y no sabía que existía Black Sabath o cosas así”.

En su casa no se escuchaba rock o heavy metal. “Mi papá no era ni roquero ni el típico viejo hippie marihuanero que escuchaba Pink Floyd, él era muy tradicional; más bien apegándose a la música nacional”.

Su padre lo apoyó y el cuarto de los hermanos Rueda se convirtió en una sala de ensayo. “De pronto mi casa se volvió el ensayadero de un montón de gente y siempre nos robaban, o sea éramos unos pelados pendejos que nos veían la cara y nos robaban pedales, efectos... mi viejo nos sacaba la madre; pero dentro de todo para mí era interesante prestarle la sala a la gente para que vayan a ensayar para sapear todo... Excalibur era un grupo que empezó a tocar en mi casa Heavy Metal, entonces ahí conocí Iron Maiden y Judas Priest, AC/DC”.

Rueda terminó de convencerse de que el rock era lo suyo cuando escuchó a la banda Barón Rojo, con la canción Los roqueros se van al infierno, “estaba buscando una cosa en español para seguir haciendo algo que tenga similitud con Los Ilegales...”. También escuchó el tema de Blaze (banda local), No podrás con él, “de estas dos canciones grabé en un casete y las escuchaba todo el tiempo... y pensé en una banda de heavy metal en español... y comencé a componer y a buscar letras para esas canciones”.

Sus dos primeros temas “estaban repletos de clichés de la época y del estilo, El rock nunca va perecer fue como que la primera canción heavy que dije uy está buena; que es como muy himno rock... vamos a ser roqueros hasta la muerte...; y El sexto jinete, que era una canción apocalíptica, muy berreado del estilo...”.

De esta época con Sak, Luis destaca la búsqueda de una filosofía propia de no apegarse a la moda e inclinarse por este género en español y hacer música inédita. “Pasó el rock latino, volvió Madonna y Michael Jackson; se acabó ese feliz año 87 en el que en todas las fiestas sabías lo que estabas bailando...

Era hacer eso o irme hacia un lado más tropical, pero soy el tipo más aburrido. En una fiesta veo que todo el mundo mueve la cadera, son felices y yo no tengo la alegría suficiente como para meterme en esas fiestas... ni en el día más feliz de mi vida... Prefiero escuchar The Cure y pintarme los ojos de negro”.

Hoy con casi 20 años de carrera, siete discos grabados; después de Sak, con la Trifulka y hoy como solista, se puede decir que Luis Rueda maneja su propio estilo y que aunque busque reinventarse en cada producción y sumar elementos nuevos, el mensaje que quiere transmitir en su música lo tiene bastante claro; además su filosofía es seguir su instinto en lugar de tratar de agradar.

“La vida me ha torcido el brazo a un paso de rompérmelo; llegué a comer tierra; han habido momentos muy complicados, he tenido típicas presiones de la novia del momento de ‘elige la música o a mí’ y chao, con dolor. Pero que haya llegado un momento en el que diga no va más... no. O sea no fueron más los Sak en su momento, no fue más La Trifulka en su momento... y por eso me gusta ser hoy solista, ¿cómo me retiro de ser un Luis Rueda?... Tengo 7 discos grabados y de verdad uno ha pegado así multitudinariamente donde estaba El pelo quinto, que fue un ‘hitaso’, después, el resto ha sido como parte de una especie de mantenimiento; pero no estoy mirando esto como una carrera de hits... No es que no me interese, me encanta cuando voy a un lugar, toco una canción y la gente la canta; pero no es lo que está en mis prioridades al momento de hacer un tema; eso es una especie de consecuencia del trabajo que se hace, no una prioridad”.

En la carrera de Luis hay dos viajes importantes, el primero a Madrid, España, le abrió los ojos al mundo y el segundo, a Buenos Aires, Argentina, le dejó su primer disco como solista y a su esposa Karina, quien también es su mánager.
“Hice un negocio, cogí una plata, compré un pasaje y me fui a vivir a Madrid...
No conocía a nadie... estaba parado afuera del metro diciendo ‘cómo es esta mierda’, tratando de usar la lógica para sobrevivir en una ciudad... Era un montubio completo, pero no sentí nunca discriminación ni esas cosas que los ecuatorianos se quejan. España fue como mi primera posibilidad de romper con los paradigmas que me habían perseguido. Hasta entonces, te juro, no podía cuestionarme la inexistencia de Dios; pero allá como decir hola, era decir ‘me cago en Dios’... Me cambió mucho mi perspectiva de lo que debería ser como músico o como roquero. Después de eso hice un disco que se llama Calamidad doméstica (con la Trifulka), donde meto vientos y hago canciones con una alegría que antes no me permitía... porque era roquero y los roqueros no... Me dije no me puedo limitar a guitarra con distorsión para todo. Ahí es cuando encontré el verdadero significado de la vida, de las cosas y de lo que como artista puedes llegar a transmitir”.

A su regreso y tras la disolución de La Trifulka, porque quebró la disquera que los apoyaba; entonces con la idea clara de su primer disco como solista viajó a Buenos Aires, pero el productor argentino que vivía en el país, se hizo humo con su dinero y él decidió quedarse hasta regresar con su disco. “Llamé acá, pedí que me vendan la moto, la tele, hice negocios de postales y de eso iba viviendo... era terrible enfrentarte al hecho de que tienes que hacer tus cosas y sacar tu disco, me tomé dos años hasta poder terminar un disco (Yo Lucho & Lo Demás Rueda, 2006). Fue increíble, conocí a mi esposa, y encontré una compañera genial”.

A sus casi 37 años, que cumple el próximo jueves 28, y que celebrará en Diva Nicotina con un concierto, Rueda asegura que “no ha habido nada en la historia de mi vida que haya querido conseguir y que no lo haya conseguido de una puta forma u otra”.

Hoy, además de preparar el vídeo del segundo tema de su CD Caldo de Cultivo, llamado La Brecha, está trabajando en TC Televisión en musicalización; además de tocar con su banda El feroz tren expreso, toca la guitarra en Ultratumba; y da asesoría a nuevos músicos. Además junto a Pedro Ortiz Jr. realizará un filme sobre el rock.

“En mis casi 37 años me he divertido como un imbécil, he sido un verdadero vagabundo por el mundo, un irresponsable, no porque no quiera hacerme responsable de algo sino por no tener responsabilidades... o sea directamente he estado abocado a mi vida; y después de tanto caminar puedo ahorita como que centrarme en querer hacer una vida familiar coherente... Ahora tengo mi hijita de 3 años y soy el papá más feliz del mundo”.

Descubriendo el ser padre
Parte de la inspiración para Caldo de Cultivo, su segundo CD como solista, se dio ante “la paz” que le da su actual situación familiar (su esposa y su hija).

La faceta de padre mantiene a Luis en una nueva etapa de descubrimiento, como ha sido todo en su vida. “Has predicado todo esto, has hecho la vida como te ha dado la gana, fuiste, viviste, volviste, chupaste, fumaste, jalaste; ahora listo... ahora eres papá, y ahora ¿cómo vas a afrontar eso respecto a tu hija?; porque ahí viene el poner los límites, el orden y todas esas cosas... No lo sé; ahora pienso que cuando cumpla 15 años me encantaría darle de regalo un sistema anticonceptivo de esos que duran cinco años, para que si tiene relaciones sexuales con alguien no se case con el primer boludo que la preñe... Me gustaría explicarle que el mundo así”.

viernes, 15 de enero de 2010

San Lorenzo festejaba hasta que apareció Palermo


MAR DEL PLATA.- El vértigo que propusieron los equipos en el comienzo del partido resultó determinante para que el encuentro fuese atractivo, una característica poco común en plena puesta a punto para el torneo local. Aunque en esta ciudad, las emociones se potenciaron en los dos choques que se disputaron y San Lorenzo fue el protagonista en ambos, porque lució ambicioso en su presentación en el empate 2-2 ante Estudiantes, y anoche, ante Boca, mostró una versión similar. Fiel a un estilo bien marcado, con la verticalidad como estandarte, el Ciclón desnudó la falta de rodaje del equipo xeneize, pero una vez más el equipo de Alfio Basile encontró soluciones en el salvador de siempre: Martín Palermo.

Fueron 15 minutos intensos, en los que los dos mostraron su costado positivo. Parecieron dispuestos a intentar resolver rápido el asunto, pero sólo el Ciclón estuvo acertado. Boca encandiló con un arranque voraz, donde predominó la velocidad. Incluso, fue tan rápido que en apenas siete minutos tuvo su primer festejo de 2010 con un cabezazo de Colazo.

Pero las revoluciones xeneizes bajaron considerablemente y eso le permitió a San Lorenzo apoderarse de la pelota. Entonces, el conjunto de Simeone respondió a pura contundencia. Apenas en 60 segundos torció la historia. Le alcanzó con dos avances para quebrar la cáscara de Boca. Primero Kily González contó con la complicidad de un rebote en Gunino para igualar la historia, y después Bordagaray sacó un disparo exquisito por encima de Abbondanzieri, que pareció innecesariamente adelantado.

Después, Boca intentó volver al juego, pero por su falta de recursos se encomendó a lo que le pudiese ofrecerle Nicolás Gaitán. En cambio, San Lorenzo contó con la velocidad de Papu Gómez y Bordagaray, dos problemas demasiado grandes para las defensa xeneizes.

En la segunda etapa, el equipo de Basile otra vez intentó imponer sus condiciones. A Gaitán, agresivo por la derecha, sólo el palo le negó el gol, pero Viatri corrigió el rebote para llegar al empate. Pero Boca no mantivo esa vitalidad y San Lorenzo, aunque no estuvo tan claro como en el comienzo, entendió que la fragilidad defensiva xeneize le ofrecería nuevas oportunidades. Por eso Bottinelli cabeceó cómodo entre los centrales y volvió a poner al Ciclón en ventaja. Pero, claro, Basile recurrió al banco de suplentes y allí estaba el salvador de tantas batallas: Martín Palermo, que en el tercer minuto del tiempo adicionado logró que Boca no tuviese un comienzo de año amargo.

En off... side: un nuevo capítulo en el culebrón Riquelme-Maradona

No debe haber cosa que provoque más fastidio y bronca que una retractación. Más aún, si ésta se tiene que hacer pública. Se han escrito hojas y hojas. Se han hablado horas y horas. No queda nada por decir sobre el tema, por más que cada uno de nosotros tenga una postura tomada y creamos que es lo mejor, pero parece que hay un nuevo capítulo en la historia Maradona-Riquelme.

Pasadas las eliminatorias y el amistoso frente a Catalunya, Diego reconoció ante su grupo, que el funcionamiento del equipo nacional, más allá de haber conseguido el objetivo, dista mucho de ser el esperado por él. Luego de partidos en vivo, videos y charlas con sus cercanos, reconoció que su equipo debe jugar 4-3-1-2 y para usar ese dibujo necesita un enganche, un organizador, un estratega ó como quieran llamarlo. No quedó conforme con Aimar y a Messi lo quiere arriba, para que sea última descarga. En Barcelona lo tiene a Iniesta. En la selección, Lionel extraña horrores al cerebro catalán. Riquelme es el nombre a convocar y será llamado.

Diego no es una persona a la que se le pueda torcer fácilmente el brazo, pero en este caso la torcedura será disfrazada. Resta saber cómo vuelve Román de la lesión. Sabe, mejor que nadie, que si él lo llama a JR, al otro día lo tiene en Ezeiza a la orden. Pero, hay que llamarlo. De esto, se encargará otra persona: Julio Humberto Grondona. Ni Humbertito, ni Julito, el presidente de la AFA dará la última puntada para abrochar el retorno. Héctor Enrique, fue quien dio en la tecla al hacerle entender a Diego, que años atrás, cuando la selección jugaba cosas importantes, lo llamaban a él, cuando el "Maradó, Maradó, Maradó..", era el grito de guerra. Le preguntó si no había llegado la hora de convocarlo a Román. Ahí, aflojó el técnico nacional.

No habrá archivo. Lo dicho, dicho está y no puede ser borrado, pero si uno recuerda lo previo a su llegada a la selección como entrenador, hubiese dicho que era imposible que fuese llamado. Hoy, Maradona es el técnico. Lo que se dijo cuando Riquelme dejó la selección y sus razones, pasó. Lo que se habló de la falta de códigos de Maradona, al explicar en los medios como quería que jugase Román en su equipo, pasó. Los posteriores dardos cruzados, pasaron. Todo es historia. Perdió Maradona, perdió Riquelme y perdió el equipo.

Pasarán cinco ó seis fechas del Clausura y si físicamente responde, don Julio terminará de aceitar los engranajes para el retorno de JR. La decisión está tomada, lo saben todos, solo hay que esperar que llegue marzo.

sábado, 17 de octubre de 2009

CHARLY: EL SANTO DEL PUEBLO


La última vez que habló con La Nacion, en septiembre de 2007, recluido en la habitación de un hotel céntrico, Charly García confesaba: "El próximo paso es no matarme". Luego de tres internaciones en diferentes clínicas psiquiátricas y tras un intenso y extenso tratamiento de desintoxicación que lo obligó a abandonar los escenarios por quince meses, García no recuerda aquella conversación, pero asiente: "Sí, cumplí el plan. La prioridad era esa. Pero no por demostrar nada; simplemente, porque tenía ganas de hacerlo. Cuando estás muerto, entre comillas, cobrás un valor agregado. La verdad es que en todo este tiempo recibí mucho cariño; muchos se interesaron por mí y me di cuenta de que le importo a la gente, en serio. Ahora lo siento como una gran responsabilidad".

En un alto de los ensayos finales antes de su concierto cumpleaños del viernes próximo, en el estadio de Vélez Sarsfield, García aceptó, finalmente, sentarse frente a un grabador para hablar de su regreso a escena; de lo que le pasó y de lo que vendrá; de terapias cognitivas; de las drogas legales que hacen más daño que las ilegales; de los amigos; de los enemigos; de la sensación de ver en vivo y en directo su muerte por tevé; del Charly que ya no es y de la clase de músico que quiere volver a ser.

"Pensá que no hace mucho tiempo había gente que no daba un mango por mí. Parece mentira que haya progresado tanto en tan poco tiempo y haya podido tocar el piano y cantar como lo hice en Perú o en Chile -dice con orgullo, pero sin rastros de revancha en su rostro, marcado por los años y por un problema de pigmentación en su piel, también-. Por eso lo estoy aprovechando. Tomo todo esto como un regalo, como otra forma de hacer música."

Luego del ensayo del paso de baile aéreo -dirigido por Pichón Baldinu-, que el próximo viernes servirá de volada coreografía cuando la lista de temas llegue a "Pasajera en trance", Charly se sienta junto a sus amigos y compañeros más fieles por estos días -Fabián Quintiero, Hilda Lizarazu y su manager Fernando Szereszevsky- en un camarín improvisado en el estadio cubierto Malvinas Argentinas, centro de operaciones para la puesta a punto del show en Vélez.

Los músicos hablan del exabrupto maradoniano luego de la clasificación del seleccionado de fútbol para el Mundial que se realizará el año que viene, en Sudáfrica. Todos tienen su teoría y también sus chistes al respecto. García mira fijo un punto en el horizonte, sin participar, y vaya uno a saber por dónde deambula en este instante su mente. Luego, ya en medio de la entrevista, dirá: "El Diego que hizo la conferencia de prensa era un Charly viejo. Yo antes podía hacer una cosa así, pero ahora el odio y la revancha no están en el tapete".

Más allá de lo musical, si hubo una gran diferencia entre los shows de García de los últimos diez años y el primer concierto de esta gira, en Lima, un mes atrás, fue la sonrisa que Charly le regaló a su público de principio a fin. "Fue muy sincero; estaba feliz. Los shows fueron muy intensos. Yo escuchaba muy bien. Creo que pude transmitir las canciones de una forma intensa y la banda suena impresionante."

-Antes parecías enojado.

-Lo que pasaba era que antes me distraía mucho más; no lograba pasar de los problemas que había a mi alrededor. No sé... Me distraía mucho por el sonido o porque estaba más preocupado en tocar que en cantar. Ahora me concentro en el piano y en cantar, y es fabuloso. Estaba muy mal y me agarré de lo mejor que tengo: esta música que estoy tocando ahora. O sea, me revaloricé. Hice los deberes; podría haber sido antes, incluso; no era tan grave, pero, justicia mediante, etcétera? Aquí estoy.

-¿Qué cambió para que ahora hubieras aceptado este tipo de rehabilitación?

-Lo mismo le pasó a Pete Townshend, a Keith Richards? Llega un momento en que tenés que ir a rehabilitarte. Ya pasé eso. Si no ponía fuerza, me chupaba la oruga. Hay que tener mucha humildad para aceptar que te ordenen cosas o que te ataquen físicamente. En la clínica, básicamente, vegetaba, no hacía nada. A veces hacen más daño las drogas legales que las ilegales. Por suerte, ya estoy bastante libre de todo eso. Mi recuperación vino por otro lado y una gran zanahoria era salir a tocar. No sé... Ahora soy John Lennon cuando volvió de Los Angeles de hacer locuras y se quedó en su casa tranquilito, componiendo.

-¿Y cómo sigue este capítulo?

-Estoy yendo a un centro de rehabilitación cognitiva y también hay un kinesiólogo que viene a casa, porque de estar tanto en las clínicas salí entumecido. Por eso tuve que entrenarme bastante para volver a tocar, aunque todavía no estoy tocando como me gustaría. Estoy en proceso de purificación y en cualquier momento va a salir el Charly puro-puro, que es el que yo quiero. Por ahí, me pasa lo de Dylan, que no para nunca de tocar. Es lo que sé hacer. Cuando hacés lo que no te gusta o hacés lo que te gusta, pero te sale mal, llenás esas carencias con alcohol y drogas. Está bien, como decía Andrés, fumarse un porrito y tomarse un whisky, pero yo ya lo hice ¡Bah! Ya está. No me avergüenzo, ¿eh?, pero ya pasó. Ahora, lo que más me gusta es que me puedo alucinar en el escenario con sólo tocar; no necesito nada extra. Por eso me río tanto, porque puedo ir al mismo lugar con drogas o sin drogas.

Charly está contento; se lo percibe agradecido, necesitado de dar y de recibir afecto. Los saludos con los músicos, colaboradores y técnicos en general son abrazos pronunciados, cálidos, y cuando habla, mira a los ojos a su interlocutor. Cuando escucha -y todos a su alrededor coinciden: "Ahora te escucha", dicen-, también.

-En tus canciones siempre hablaste de tu vida, de lo que te rodea. ¿Volviste a componer por estos días?

-Hice algunas en lo de Palito [Ortega], pero justamente este recital me obliga a cantar y a sentir cosas del pasado que me hicieron dar cuenta de que es difícil componer. Tengo un estándar de composición muy high , o sea, me voy a poner a componer cuando termine la gira. Necesito una inspiración o algo que ahora no está, o está, pero se trata de "yo hablándome a mí mismo".

Charly, sobre los temas que eligió junto a su banda para estos shows, dice: "Son todos pianísticos, canciones que tienen un desarrollo con el piano, como «Llorando en el espejo» o «Canción del dos por tres»", y asegura que la fórmula para esta banda ya le rondaba su cabeza desde antes de la internación: "Hace rato que tenía pensado hacer una cosa así, pero no me podía concentrar. Cantar todas las letras, interpretar el tema y usar esa interpretación como un instrumento más, a lo Mick Jagger, o cuando me siento en el piano, a lo Elton John. ¿Sabés qué pasa? También me di cuenta de que es lindo tener un buen camarín, que te traten bien, salir de gira y que tus músicos y plomos duerman en el mismo hotel. Son cosas que hacen que todo el mundo esté contento y eso, hoy, a mí me hace feliz".

Habrá que confesarlo: Nunca pensé encontrarme con el santo. Pero aquí está.

RECUPEREN EL DECODIFICADOR

Recuperen el decodificador. Ahora el fútbol tiene su canal porno. Maradona ha invitado a los periodistas a una práctica bastante frecuente en la relación con el ídolo. El seleccionador puede sentirse sexualmente satisfecho. Siempre hubo y habrá periodistas dispuestos a cumplir con su pedido, expresado cuatro veces en la noche montevideana. No haber abandonado masivamente esa conferencia de prensa ante semejante falta de respeto, no haberlo dejado solo con su resentimiento es una muestra más de esa sumisión. Razones como el temor a perder el trabajo, el morbo ante la frase matadora o la falta de conciencia colectiva convalidaron el vuelco del DT. Que ningún colega haya salido inmediatamente a respaldar a Juan Carlos Pasman habla mucho más de nosotros que de Diego. Minutos más tarde, Pasman tergiversó las sensatas declaraciones de Verón para ponerle pimienta a su pregunta. Así funciona la máquina. Con la injusticia que conlleva cualquier generalización, el periodismo deportivo en la Argentina está mal conceptuado. Déficit de formación, un multimedio dominante que unificó estilo y, sobre todo, la obsecuencia con los protagonistas son los laureles que supimos conseguir. A hacernos cargo. Para futbolistas, dirigentes e hinchas, es mucho más fácil hablar de "los periodistas" que dar sus nombres propios. Sería bueno que empezáramos a identificarnos y resolver los asuntos entre las personas aludidas. La corporativa reacción de los jugadores en el festejo es entendible como desahogo. Demichelis lo planteó: "No me banco que digan que Messi no quiere jugar porque no canta el Himno". La mayoría reaccionó con clase. Están más acostumbrados a la crítica profesional y no la confunden con un agravio personal.

Por primera vez, Maradona recibe cuestionamientos sobre su trabajo. La angustiosa clasificación al Mundial no tapa sus problemas de liderazgo, su numeroso e incompetente cuerpo técnico, la interna con Bilardo, las convocatorias compulsivas, la confusión de los futbolistas y la falta de funcionamiento. Anteanoche, nobleza obliga, el equipo ejecutó correctamente su plan. Se defendió con orden y con la pelota. La inevitable consecuencia de su proyecto (mantener el cero a cero) fue atacar poco y mal. A mí no me gusta que la selección juegue así, pero es subjetivo. El fútbol es tan maravilloso que un cambio conservador (Bolatti por Higuaín) termina dando la victoria. "Hay que estar ahí adentro", dicen los jugadores. Tienen razón. No podemos sentirlo desde nuestro lugar. Maradona les dio el mejor reconocimiento: "Me consagraron como técnico". Para entender semejante frase, no hace falta el decodificador.

El mismo se creyó la ficción de que es Dios

Maradona, a quien le dicen Dios, no sabe disponer ni el equipo ni las palabras, así que dice malas palabras. "La puta prensa." Desplaza palabrotas; un día desplazó inteligencia en el fútbol. Ahora es un héroe solitario que sustenta su poderío en el pasado y lo rescata a fuerza de insultos con los que lo afean que no sepa qué hacer con los 80 seleccionados de que dispuso en su errática estancia, en un sitio que le viene grande.

Como él mismo ha creído la ficción de que es Dios, se comporta como si pudiera estar en la humildad del banquillo y, al mismo tiempo, rematando, incluso con la mano. La mano de Dios. Su engreimiento ya es una patología que él cura lanzándose al césped, bañado en lágrimas, celebrando un triunfo que no es suyo, sino del equipo que lo sigue sin fe, a trancas y barrancas. Y como cree que el sentimiento se provoca llorando, se seca el sudor de su amargura y lanza improperios contra los hombres de la prensa. Es de la clase de genio del fútbol al que le dura la pila hasta que deja de pisar el área; después pisa el limbo, y, por eso, sigue creyendo que puede ser Dios, dando mandobles.

Los insultos son un arte que dosificaban Quevedo y Borges, pero él no sabe, así que se sentó delante de los insultados y empezó a decirles: "Yo tengo memoria, a los que no creían, a los que no creyeron... con perdón de las damas, que me la chupen, que me la sigan chupando". Su escatología es la de un egocéntrico cuyo ombligo le hace el efecto de un espejo donde se ve una cara sin defectos. Se cree Dios, está claro, se ha producido ese síndrome, por eso repite: "A los que no creían, a los que no creyeron... Sigan mamando". Parece uno de esos parabolanos que aparecen en Agora, la película de Amenábar. Aquellos exigían la fe en Dios, y Maradona exige la fe en sí mismo. E insulta si no le creen; es un dogma en sí mismo, un tonto.

El mismo se creyó la ficción de que es Dios

Maradona, a quien le dicen Dios, no sabe disponer ni el equipo ni las palabras, así que dice malas palabras. "La puta prensa." Desplaza palabrotas; un día desplazó inteligencia en el fútbol. Ahora es un héroe solitario que sustenta su poderío en el pasado y lo rescata a fuerza de insultos con los que lo afean que no sepa qué hacer con los 80 seleccionados de que dispuso en su errática estancia, en un sitio que le viene grande.

Como él mismo ha creído la ficción de que es Dios, se comporta como si pudiera estar en la humildad del banquillo y, al mismo tiempo, rematando, incluso con la mano. La mano de Dios. Su engreimiento ya es una patología que él cura lanzándose al césped, bañado en lágrimas, celebrando un triunfo que no es suyo, sino del equipo que lo sigue sin fe, a trancas y barrancas. Y como cree que el sentimiento se provoca llorando, se seca el sudor de su amargura y lanza improperios contra los hombres de la prensa. Es de la clase de genio del fútbol al que le dura la pila hasta que deja de pisar el área; después pisa el limbo, y, por eso, sigue creyendo que puede ser Dios, dando mandobles.

Los insultos son un arte que dosificaban Quevedo y Borges, pero él no sabe, así que se sentó delante de los insultados y empezó a decirles: "Yo tengo memoria, a los que no creían, a los que no creyeron... con perdón de las damas, que me la chupen, que me la sigan chupando". Su escatología es la de un egocéntrico cuyo ombligo le hace el efecto de un espejo donde se ve una cara sin defectos. Se cree Dios, está claro, se ha producido ese síndrome, por eso repite: "A los que no creían, a los que no creyeron... Sigan mamando". Parece uno de esos parabolanos que aparecen en Agora, la película de Amenábar. Aquellos exigían la fe en Dios, y Maradona exige la fe en sí mismo. E insulta si no le creen; es un dogma en sí mismo, un tonto.

POBRE DIEGO

Pobre Maradona, no me da bronca que se le haya soltado la cadena y haya dicho lo que dijo: me da lástima.

Siento una profunda pena. Miremos: hoy nadie habla de la clasificación argentina. Hoy el tema, aquí y en el mundo, es ese pobre hombre sin control, ese técnico que arruina lo único bueno que había conseguido su equipo desde que él está al frente, ese muchacho ya grande que con sus pestilentes ataques al periodismo no hizo más que ratificar lo que ese periodismo dice: que no está preparado para el cargo, que le baila el buzo de DT.

Pobre. Que digan los médicos: ¿cómo explicar la conducta de alguien que dice barbaridades al borde de una cancha, en caliente, y que una hora después, bañado y más calmo, dice peores barbaridades en una conferencia de prensa?

Pobre, qué pena da verlo así, impotente ante sí mismo, orgulloso de su incontinencia, perseverante en el error, obcecado en sus desvaríos.

Pobre, ¿tendrá alguien que le hable? Y si alguien le habla al oído, en confianza, con cariño, ¿lo escuchará, lo entenderá, lo aceptará? Ha trepado tanto en su vida, ha llegado tan alto, que me pregunto si él cree que hay una persona en condiciones de ponerse a su altura y hablarle de igual a igual. ¿No es desgarrador verlo consumirse y degradarse en la cruel soledad de la cima de su monumento?

Pobre Diego. Para atacar a la prensa hay que ser un general duro como Kirchner, que sabe cómo hacerlo. El es un poco víctima del periodismo servil, de esos cronistas que después de entrevistarlo le piden una foto y un autógrafo. Hay que comprenderlo. El, en la Argentina, ha vivido entre mieles porque pocos se le han animado. El mito le ganaba a la realidad y le daba a él absoluta impunidad. Ahora, cuando la realidad de su fracaso como DT empezó a empañar el mito, no estaba preparado para soportarlo.

Pobre Diego: se la agarra con el periodismo crítico. ¿Sabrá que las principales críticas, las más crueles, no están en las páginas de los diarios sino en el cotilleo de sus propios jugadores? ¿Sabrá que la gente (a la que reverenció en su patíbulo de Montevideo) está pidiendo a gritos que se vaya? ¿Sabrá que sus colegas no lo toman en serio? ¿Sabrá que un conocido técnico que lo defiende en público lo destroza en privado?

Pobre Diego, su peor noche no ha llegado después de un traspié, sino de una victoria importante. Podríamos entender sus exabruptos bajo la conmoción de un fracaso. Pero qué pena es verlo derrotado después de un triunfo. Pobre Diego. Que le tiren una soga. Que no le hagan el aguante. Que Julio Grondona se apiade de él. Que la Historia borre esa mala noche. Que todos le tengamos más pena que bronca. Que todos lo esperemos, comprensivos, al pie del monumento.

POBRE DIEGO

Pobre Maradona, no me da bronca que se le haya soltado la cadena y haya dicho lo que dijo: me da lástima.

Siento una profunda pena. Miremos: hoy nadie habla de la clasificación argentina. Hoy el tema, aquí y en el mundo, es ese pobre hombre sin control, ese técnico que arruina lo único bueno que había conseguido su equipo desde que él está al frente, ese muchacho ya grande que con sus pestilentes ataques al periodismo no hizo más que ratificar lo que ese periodismo dice: que no está preparado para el cargo, que le baila el buzo de DT.

Pobre. Que digan los médicos: ¿cómo explicar la conducta de alguien que dice barbaridades al borde de una cancha, en caliente, y que una hora después, bañado y más calmo, dice peores barbaridades en una conferencia de prensa?

Pobre, qué pena da verlo así, impotente ante sí mismo, orgulloso de su incontinencia, perseverante en el error, obcecado en sus desvaríos.

Pobre, ¿tendrá alguien que le hable? Y si alguien le habla al oído, en confianza, con cariño, ¿lo escuchará, lo entenderá, lo aceptará? Ha trepado tanto en su vida, ha llegado tan alto, que me pregunto si él cree que hay una persona en condiciones de ponerse a su altura y hablarle de igual a igual. ¿No es desgarrador verlo consumirse y degradarse en la cruel soledad de la cima de su monumento?

Pobre Diego. Para atacar a la prensa hay que ser un general duro como Kirchner, que sabe cómo hacerlo. El es un poco víctima del periodismo servil, de esos cronistas que después de entrevistarlo le piden una foto y un autógrafo. Hay que comprenderlo. El, en la Argentina, ha vivido entre mieles porque pocos se le han animado. El mito le ganaba a la realidad y le daba a él absoluta impunidad. Ahora, cuando la realidad de su fracaso como DT empezó a empañar el mito, no estaba preparado para soportarlo.

Pobre Diego: se la agarra con el periodismo crítico. ¿Sabrá que las principales críticas, las más crueles, no están en las páginas de los diarios sino en el cotilleo de sus propios jugadores? ¿Sabrá que la gente (a la que reverenció en su patíbulo de Montevideo) está pidiendo a gritos que se vaya? ¿Sabrá que sus colegas no lo toman en serio? ¿Sabrá que un conocido técnico que lo defiende en público lo destroza en privado?

Pobre Diego, su peor noche no ha llegado después de un traspié, sino de una victoria importante. Podríamos entender sus exabruptos bajo la conmoción de un fracaso. Pero qué pena es verlo derrotado después de un triunfo. Pobre Diego. Que le tiren una soga. Que no le hagan el aguante. Que Julio Grondona se apiade de él. Que la Historia borre esa mala noche. Que todos le tengamos más pena que bronca. Que todos lo esperemos, comprensivos, al pie del monumento.

lunes, 12 de octubre de 2009

MARTIN "EL HOMBRE QUE HACE LLOVER"



Comenzó a escribir su película en un tormentoso sábado de octubre. Hace doce años. En la misma cancha. Y en el mismo arco. Esa tarde de superclásico, un errático y deambulador Diego Maradona jugó, quizá sin saberlo, su último partido como profesional. Salió reemplazado en el entretiempo por un joven que le cambió la cara al equipo. Se llama Juan Román Riquelme. River ganaba por 1-0. Toresani empató con una delicada definición. Y ahí empezó todo. En esa pelota que no bajaba nunca. En esa cortina de Bermúdez a Burgos que Horacio Elizondo no consideró infracción. En esa elevación para conectar la pelota con su cabeza de platino. En ese pique previo que liquidó al arquero. En esa carrera loca hacia la tribuna Centenario ofreciendo su gol a esa hinchada que aún lo miraba con desconfianza. Hasta ese gol, Martín Palermo era un temible y excéntrico delantero que se había escapado del fracaso.

En 1995, descartado por Estudiantes, había estado a 1000 pesos de firmar un contrato con San Martín, de Tucumán, para jugar en la B Nacional. No hubo acuerdo y se quedó en el Pincha. Florero en el comienzo de la temporada 95-96, su destino cambió cuando renunciaron Russo y Manera tras la 11a fecha del Apertura. Asumió Daniel Córdoba y lo puso como titular en la jornada siguiente, ante Gimnasia y Esgrima, de Jujuy. El arquero jujeño Moreyra puede contarle a su familia que él vio nacer a la criatura. Martín marcó dos goles para el 4-1, el primer triunfo de su equipo en aquel campeonato. Era octubre.

Destinos como Tucumán podían esperar un poco más. De todas maneras, no alcanzaba para una película. Era uno de los tantos futbolistas a los que un cambio de viento les ofrece una oportunidad. Siguió haciendo goles y se dio a conocer. El perfil alto, el furioso platinado, una portada disfrazado de mujer y festejos exóticos en los goles completaban su formulario de personaje. Pero apenas si daba para un cortometraje. Ni siquiera el pase a Boca cambió el guión. Hasta que llegó esa tormentosa tarde de octubre de 1997 en la que, con un gol, evitó que se hablara de un lamentable Maradona.

Todo lo que escribió después es historia conocida. Los goles de todos los colores y el récord para un campeonato corto (20). El número 100 con el ligamento cruzado de la rodilla derecha roto. El 101 casi en muletas a River. Alegres contra Real Madrid en la Intercontinental 2000. Tristes a Banfield dedicados a la memoria de su hijo Stefano. De chilena. De penal con los dos pies. De media cancha. Su último hit, un cabezazo desde 40 metros. La versión adaptada también deberá incluir los tres penales errados en el mismo partido, las operaciones de rodillas, la pared que se le cayó encima en un festejo y la muerte de un hijo recién nacido, al que recuerda en cada festejo con un beso sobre su nombre tatuado. Ya tenemos una película de dos horas y media. Pienso en el actor Russell Crowe. Encaja perfecto en el papel de gladiador.

¿Quién pensó que, a diez años de esa trilogía de penales errados contra Colombia, iba a tener su definitiva reivindicación en el seleccionado argentino? Solamente él. Es inteligente e intuitivo para ubicarse dentro del área. La pelota siempre lo busca. No le teme al ridículo. Es el mejor cabeceador de los últimos 30 años. Pero el secreto está en su lucha y en su perseverancia. No conozco un futbolista con más amor propio que Martín Palermo. En ese aspecto, es el mejor de todos los tiempos. Lo de anteayer no fue un milagro. Un milagro sería que la selección jugara bien. No hay manera.

El caos y la falta de liderazgo se comen cualquier buena intención. Sin ideas y sin concepto, juega a la marchanta. Las ilusiones duran cinco minutos. Esos en los que Messi y Aimar confirman que entre ellos hay una sociedad posible. O en los que Higuaín tira una diagonal, marca un pase y sale un lindo gol. Pero todo se derrumba ante la primera adversidad.

En este contexto nadie puede jugar bien. Ni siquiera Messi. Está claro que Leo no tiene el amor propio de Palermo. Está acostumbrado a que, respaldado por un Barcelona que lo protege y lo potencia, todo fluya y salga bien. En la selección no hay equipo. No es su culpa. Pero en lugar de rebelarse, se desentiende del juego. Esa sí es su responsabilidad. El problema no es Messi, un crack en edad de aprendizaje.

Recordemos las eliminatorias para México 1986. Este duelo contra Perú sacó del archivo el partido del 30 de junio de 1985. La clasificación al Mundial estaba en riesgo. El equipo no funcionó y Diego no pudo rescatarlo. En los momentos de descontrol, no te salva el crack, ni el Diego de 24 años, ni el Lionel de 22. Te salvan atajadas importantes (Fillol, Romero) y los héroes de más de 30 años y mil batallas. Passarella hace 24 años, Palermo hoy. El actual aquelarre se lleva puesto a un jugador como Mascherano, cuya confusión lo induce a tirar un tacazo dentro de su propia área para sacar una pelota ardiente. Tampoco Javier es el problema, más allá de su bajísimo rendimiento y su frustración por no haberse ido de Liverpool.

Tiene razón Diego: la culpa de todo la tuvo un vendaval. Pero se olvidó de aclarar que se trata del temporal interno, que ha venido azotando al seleccionado y del cual él es uno de los dos grandes responsables. El otro es Julio Grondona, que lo puso en el cargo. Con su cambio de Demichelis por Higuaín, el seleccionador mandó al equipo veinte metros para atrás. Perú tomó el mensaje y manejó la pelota. Sin actividad en los últimos 70 días, el defensor entró para jugar de ¡lateral derecho! El plantel no contaba con un especialista para ese puesto. Había sido convocado Pablo Zabaleta, de Manchester City, pero se desgarró en la última jugada del partido ante Aston Villa.

Maradona eligió enojarse con Bilardo porque no había viajado a Inglaterra para evitar su presencia en ese encuentro. El doctor-manager (¿qué hace?) había quedado desacreditado tras su propia confesión de haber difundido nombres de una lista mientras Maradona estaba en el spa italiano. Pero acá está exento de cargos. ¿Diego no sabía que se jugaba el lunes? ¿Nadie vio el partido por TV? ¿Por qué no hablaron con el jugador antes de que tomara el vuelo? Podrían haberse enterado de la noticia el mismo lunes y no el martes a la tarde. Aun así hubo tiempo para buscar alternativas, pero el DT se encaprichó: "Ahora no viene nadie". Un referente del plantel le sugirió que convocara a Clemente Rodríguez, de buen rendimiento en Estudiantes. Maradona rechazó la propuesta y le preguntó al mismo líder qué le parecía la dupla Enzo Pérez- Jonás Gutiérrez para cubrir el costado derecho.

No hay plan ni motivos para ser optimistas. Convoca jugadores compulsivamente como si estuviera tocando todas las teclas de una computadora rota para ver si una arregla todo. Ha utilizado nada menos que 36 futbolistas para estos 7 partidos de eliminatorias. De estos 36, 29 fueron titulares por lo menos en un partido (3 arqueros, 10 defensores, 12 medios y 4 delanteros). En esta tómbola, le sale bien la del arquero Romero (decisivo), mal la de Pérez, regular la de Emiliano Insúa…Mete y saca a Higuaín. Y así recurre a Palermo, hoy el jugador del pueblo.

Cuando Argentina ya había hecho todo lo posible para quedarse fuera de Sudáfrica 2010, sólo una persona creía que todavía había tiempo para cambiar la historia. Y en otro tormentoso sábado de octubre, en esa misma cancha, en ese mismo arco y con un Maradona errático y deambulador; le puso el título a esta historia que viene protagonizando desde hace 12 años: "El hombre que hace llover". Que alguien le avise a Russell Crowe. Dentro de un año le llegará el guión de The Rain Maker. No antes. Martín Palermo aún no terminó de escribir su película.

martes, 15 de septiembre de 2009

Y DESCOLGO EL ULTIMO POSTER...


Hay más espacio en el cuarto de la casa de Tandil. Se ha descolgado el último póster. A los 20 años, Juan Martín del Potro entra en la historia del tenis nacional. Llena el formulario de Vilas, Sabatini y Gaudio, los únicos argentinos que saben lo que es ganar un Grand Slam. Su nombre figurará en ese trofeo debajo de Bill Tilden, Rene Lacoste, Fred Perry, Donald Budge, Roy Emerson, Rod Laver, Arthur Ashe, Illie Nastase, Guillermo Vilas, Jimmy Connors, John Mc Enroe, Ivan Lendl, Mats Wilander, Stefan Edberg, Boris Becker, Andre Agassi, Pete Sampras, Patrick Rafter, Lleyton Hewitt y Roger Federer, que había festejado consecutivamente en los últimos cinco años.

Vale darle contexto histórico a este momento memorable, épico. No sólo se trata de lo que ganó, sino también a quién le ganó y cómo le ganó. De 2004 a 2008, desfilaron ante el gran Rogelio en la final Hewitt, Agassi, Roddick, Djokovic y Murray. Ninguno había logrado siquiera llevarlo a un quinto set. La última final con cinco había sido la de Agassi contra Todd Martin en 1999. Juan tenía 10 años y ya soñaba con hacer realidad la canción de Sinatra. Federer había perdido su último partido en el US Open contra Nalbandian en los cuartos de final de ¡2003! Ahí ya tenía 14, era "el futuro del tenis argentino" y se medía con mayores en sus primeros torneos profesionales. El póster casi se cae en París, en las semifinales de Rolanga. Ese día, la bronca de Juan contrastó con la cara de alivio y admiración que había mostrado en caídas anteriores contra esta auténtica leyenda viva.

A Federer lo amamos, es un auténtico campeón también cuando pierde. Juan le ganó al hombre al que todos le quieren ganar y al que nadie (salvo Nadal) le podía ganar. El 3-6 del primer set, con prematuro quiebre, sonaba a la misma serenata de siempre. Pero, como contra el croata Cilic, empezó a imponer condiciones con su drive invertido cuando quedó break abajo en el segundo. El suizo no había perdido ni un tie break en las cinco finales anteriores. Set iguales, estuvo 4-3 y saque. Y se le fue con dos dobles faltas en el 4-5. Volvió a ponerse 4-3 y el servicio en el cuarto. No lo pudo liquidar. Al tie break otra vez. ¿Quién le ganó a Federer dos seguidos en una final de Grand Slam? Y siguió pegando. Nos conmovía verlo tirar y acertar desde todos lados. Así se le gana a un campeón, en un poquito más de cuatro horas. A Rafa en semis, a Rogelio en la final. Juan Martín del Potro entró en la historia. Descolgó el póster. Pero ese espacio en el cuarto de Tandil quedará vacío por poco tiempo. Ahora hay una copa para poner…

jueves, 10 de septiembre de 2009

LOS BEATLES, LA FELICIDAD Y TALVEZ $ 300

Ayer, 9/9/9 (número cabalístico que amaba Lennon), apareció en las pocas bateas que quedan en el mundo, la discografía completa de los Fabulosos cuatro remasterizada. Por esas cosas del azar (y de la generosidad ... amistosa de colega), pude escuchar exactamente dos temas de cada álbum. Vale la pena: el sonido está realmente mejorado, limpio y claro, con más volumen y cuerpo.
Resaltan mucho más los planos sonoros y las voces se lucen nuevamente, a la altura de estos tiempos tecnológicos. La conclusión es: qué bien grabaron los Beatles. Qué oído sensible el de George Martin. Y, claro, ni hablar de la calidad musical de John, Paul, George y Ringo. Ahora viene la parte seria: la colección de 14 discos cuesta 280 dólares, pero en la pagina de Amazon la The Beatles Stereo Box Set [BOX SET] [ORIGINAL RECORDING REMASTERED cuesta solo $179,99. Así que, amigos, familia, gente querida: para mi cumpleaños (13/10), Navidad, Reyes, Día del Padre, Día del Amigo, Día del Apicultor, Día de la Madre, Día de la Mujer, 1° de Mayo, Día de la Música, Día de los Santos Inocentes, Día del Niño pueeden agasajarme con la caja de los 14 CD remasterizados. Desde ya, gracias. ¡Muchísimas gracias!

miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL FINAL DE LOS BEATLES


Los Beatles estuvieron profundamente arraigados en la conciencia, la propuesta, y la historia de Rolling Stone desde sus comienzos. Nuestra primera tapa en noviembre de 1967 fue John Lennon. Para ese momento, como el editor invitado Mikal Gilmore recuerda en este numero, los Beatles ya estaban empezando a deshacerse. Fue en ese contexto del colapso final de la banda que me encontré con John Lennon en 1970, para la serie de entrevistas que se transformarían en Lennon Recuerda, su relato definitivo de los Beatles (cómo vivían y hacían su música, qué les produjo y por qué se separaron) "Nos hartamos de ser sesionistas de Paul", me dijo John, rastreando el fin de la banda a la muerte del manager Brian Epstein en 1967. "Nos separamos ahí. Esa fue la desintegración"

Unos meses antes que nos juntáramos, John y Yoko Ono hicieron una visita sorpresa a San Francisco; nos habíamos estado carteando acerca de la posible entrevista, y vinieron, creo yo, a chequearme. Pronto me encontré haciendo de anfitrión de su fin de semana. Pasaron por nuestra oficina, dejando un staff de RS absolutamente pasmado a su paso. Un día, nos tomamos la tarde libre para ir a ver Let It Be, la película que registraba el último concierto en vivo de los Beatles. Jane Wenner y yo nos sentamos junto a John y Yoko en medio de la oscuridad, con el cine casi vacío, a ver cómo la banda se deshacía frente a nuestros ojos. Estaba todo ahí: las peleas, las discusiones que casi se iban a las piñas, los silencios helados. Y en medio de todo eso, la música, el gran y eterno arte que estos cuatro hombres habían hecho juntos. John nunca había visto la película, y cuando terminó estábamos los cuatro parados en la vereda del teatro, abrazados y llorando. Se había terminado. Los Beatles ya no existían.

Cuarenta años después, es difícil transmitir cuán sísmico había sido ese momento para el mundo. Desde el momento de su llegada a Nueva York, los Beatles habían sido la historia de nuestras propias vidas. Todos veían algo de sí mismos en John, Paul, George, y Ringo - en sus vidas, y también en sus extraordinarias canciones - y todos nos sentíamos conectados personalmente con ellos, con lo alegre y audaces que eran, con la manera en que se habían transformado a sí mismos de adolescentes pulidos y protegidos a aventureros mundanos y arriesgados. Hoy no hay nadie al que pueda compararse con lo que significaban para nosotros en ese entonces; desde entonces, el mundo nunca volvió a estar tan íntimamente involucrado con ningún músico popular o banda.

Mientras cerrábamos este número, como seguimos diciendo los de la gráfica, un estudio recién divulgado revelaba a qué nivel los Beatles siguen definiendo nuestro mundo. Según el Pew Research Center, el amor compartido por la banda contribuyó a achicar la brecha generacional en Estados Unidos, reduciendo significativamente los desacuerdos entre adolescentes y sus padres. Todos los grupos etarios relevados, desde los 16 a los 64, escucha rock & roll más que cualquier otro género musical - y los Beatles rankean en los primeros cuatro puestos de todos los grupos etarios.

"Hoy por hoy hay un amplio consenso entre distintas generaciones con respecto a un ámbito de la cultura norteamericana que en los '60 había sido un campo de batalla: la música", concluye el estudio. "¿Podrá ser que la razón por la que padres y adolescentes hoy ya no pelean tanto como lo hacían hace una generación sea que cuando las cosas llegan al límite, siempre pueden relajarse juntos escuchando un tema de los Beatles?"

Ese amor compartido por la música sigue formando parte de la esencia de Rolling Stone. Al igual que los Beatles, nosotros también empezamos con rebeldía adolescente, atraídos por algo que a nuestros padres no les gustaba ni podían entender, y ahora estamos orgullosos de que el rock & roll se haya vuelto algo que une a un país, a una cultura y a aquellos eternamente jóvenes. Es un homenaje a lo mejor de la música, a todo lo que sentimos esa tarde en San Francisco sentados en la oscuridad mirando Let It Be - la risa, el amor, la compasión, y a través de todo eso, la búsqueda de un mundo mejor.

Por Jann S. Wenner
TOMADO DE LA REVISTA ROLLING STONE ARGENTINA DE SEPTIEMBRE/09

MARADONA: UN CULTO AL DESCONCIERTO


ASUNCION.- "Todavía no estamos afuera del Mundial, todavía tenemos chances", fueron las palábras de Diego Maradona apenas comenzó la conferencia de prensa, tras la derrota frente a Paraguay.

Apenas terminó el partido, Diego se fue rodeado de cámaras y escoltado por decenas de policías. Sus ánimos ni siquiera le alcanzaron para ir a darles una palmada de aliento a sus muchachos. Maradona dejó el estadio de Defensores del Chaco de esta ciudad con el rostro serio, preocupado por la actualidad de un equipo que peligra y mucho sus chances de ir al Mundial de Sudáfrica.

"Hay que hacer una autocrítica grupal y ver por qué nos pasó esto. Teníamos dos partidos importantes y no pudimos ganar en ninguno. Hay que ver lo que pasó y seguir adelante", agregó el DT en la conferencia.

Maradona lleva menos de un año como técnico de la selección argentina y ese sentimiento ciclotímico que siempre la ha envuelto parece exacto para definir sus sensaciones. Aquel derroche de alegría, confianza y optimismo del inicio, hoy es la otra cara, tras otra caída en eliminatorias, la cuarta en su ciclo sobre seis encuentros.

Hoy volvió a demostrar que pese a las malas actuaciones su permanencia en el seleccionado está más firme que nunca. "No le tengo miedo a nadie. No le tengo miedo a las críticas. Voy a seguir para adelante, critique quien me critique. Desde los 15 años que los vengo peleando (a los periodistas), hoy tengo 48 y voy a seguir igual", desafió en la conferencia de prensa, tras la pregunta sobre su futuro al frente del seleccionado.
Cuando el árbitro brasileño Salvio Fagundes decretó la caída ante Paraguay, las especulaciones empezaron a tejerse. Las dudas sobre la continuidad de Maradona al frente del seleccionado comienzan a plantearse. Quedan sólo dos fechas para el fin de la clasificación a Sudáfrica 2010. Sus palabras en la conferencia de prensa quizá disiparán las dudas.

Cuando salieron los equipos, al primero que buscaron los fotógrafos fue a Diego. La mayoría se agolpó contra el banco visitante para conseguir una imagen de él, quien vestido con el equipo de gimnasia del seleccionado, lucía con rostro serio en el inicio.

Todavía Messi no había tocado para Agüero para que empezara el partido y Maradona ya estaba de pie. Antes de los 5 minutos, Diego ya se encontraba en el corralito y, desde allí, con los brazos cruzados y, con pocas indicaciones, vivió casi todo el primer tiempo.

Aplaudió promediando los 15 minutos, quizá lo conformaba la imagen que brindaba el seleccionado. Cuando Haedo marcó el primer gol del partido, Diego retrocedió, les dijo algo a sus colaboradores y volvió a la posición inicial.

En el segundo tiempo, movió el banco. Lavezzi, Palermo y Schiavi, a la cancha, para buscar lo que parecía un milagro con diez hombres por la expulsión de Verón. Diego vivió el segundo tiempo, solo, en el corralito. Sólo busco a Mancuso, su mano derecha, en un par de ocasiones. Escoltado, se fue el vestuario. La historia promete continuar.

Las críticas del partido. "En el primer tiempo Paraguay fue superior. Con Haedo Valdez y Cabañas nos complicaron abajo y nos pasaron por los costados", dijo el DT. "Se pusieron en ventaja con una jugada muy linda. En el primer tiempo jugaron mucho mejor, y en el segundo se defendieron muy bien", agregó.

Con respecto al futuro, Diego dijo que todavía tiene chances de llegar a Sudáfrica. "Todavía no estamos afuera del Mundial, sabemos que tenemos una última oportunidad", dijo.

"Tenemos que hablar con los muchachos y mejorar mucho. Desde lo físico hasta lo táctico", agregó.

Además, Maradona defendió a Lionel Messi, quien tuvo un muy mal partido en Asunción. "No le caigamos a Lio. Estuvo muy marcado, los paraguayos sabían de su peligrosidad y cada vez que agarraba la pelota tenía a tres o cuatro encima. Hizo lo que pudo, no pudo brillar como el sabe hacer", mencionó.

El repechaje, una posibilidad. Las chances de terminar quintos en la clasificación son grandes. Es por eso que la gente ya empieza a hablar sobre la posibilidad de jugar el repechaje y Maradona no fue la excepción. "Tuvimos que ir a Australia a buscar un repechaje y nadie murió", afirmó Diego en referencia al partido clave que clasificó a la Argentina al Mundial de 1994 en Estados Unidos.