Hay veces que me siento encerrado, la jaula no es tan sólo esta pared. No digas que estoy mal, yo la estoy pasando bien, no sé por qué, yo sé por qué...", canta Charly García en una de las canciones del álbum que a estas alturas bien podría ser considerado el disco que "regaló" a través de Internet en pleno furor del formato digital: Kill Gil , la obra que pensó, grabó, regrabó, volvió a pensar, produjo y reprodujo durante los últimos cuatro años y que comienza oficialmente con un tema bautizado "No importa". "No importa si te querés ir, no importa si estás, no importa si querés venir, no importa si vas... Estamos juntos en la prisión, no hay forma de salir. El mundo es un patio de prisión, ¿adónde querés ir?"
Desde hace una semana, el músico de 56 años permanece internado en una clínica de la zona del Abasto sin permiso para recibir visitas, por orden judicial, luego de un raid que comenzó en un hotel mendocino el 9 de junio y que, desde entonces, tuvo paradas obligadas en tres hospitales, dos clínicas psiquiátricas y una quinta del Gran Buenos Aires. Dos meses de idas y venidas, "ataques de ira", varios tratamientos y los quince minutos mediáticos dedicados al "caso Charly".
¿Cuál es el presente de García? Entre canciones que siempre develaron más de su estado de ánimo que cualquier declaración presumida y la palabra de su hijo Migue y de las únicas personas autorizadas desde ayer por la jueza María Rosa Bosio para visitarlo en la clínica psiquiátrica Avril, LA NACION ofrece algunas pistas y contraseñas para fanáticos y detractores, curiosos y fieles seguidores de uno de los artistas más creativos del país de las últimas cuatro décadas.
¿Dónde está?
Por orden de la jueza María Rosa Bosio, el jueves pasado García fue trasladado del Sanatorio Güemes a la clínica psiquiátrica de internaciones breves Avril, ubicada en Humahuaca al 3700, en la que también estuvo internado Diego Armando Maradona, en abril de 2007. Según se autopublicita, la clínica trabaja con "un Modelo Asistencial Intensivo y personalizado, especializado en el tratamiento de pacientes psiquiátricos con patología aguda y adicciones". "Yo fui uno de los que le pidió a la jueza una segunda opinión sobre el tratamiento de rehabilitación que le estaban dando y por eso ella decidió la internación en otro lugar", dice el músico Nito Mestre, quien estuvo cerca de García desde que fue internado en la clínica Dharma, en junio pasado.
¿Quiénes lo visitan?
Desde ayer, las únicas tres personas autorizadas por la jueza para visitarlo en la clínica Avril son:
Fernando Szereszevsky: ex vocero de Alberto Kohan y ex representante de García y quien, en diciembre de 1998, se encargó de armar el encuentro íntimo entre el músico y el entonces presidente Menem en la quinta de Olivos (allí García cantó para el actual senador y registró una cinta "oficialmente pirata" bautizada Charly & Charly en Olivos ).
Nito Mestre: músico, compañero de la escuela secundaria de García con quien formó su primer grupo popular: Sui Generis. "Somos los únicos autorizados porque lo pide Charly", asegura.
Inés Raimondo: la cuñada de García es la única de la familia que lo puede visitar.
¿Qué opina la familia?
"La Justicia está marcando una línea de la que no nos podemos escapar", dice Migue García, con la firme intención de bajar la mediatización del caso. "Los que más hablan siempre son los que menos saben", sugiere, pide discreción y "un poco de sentido común" en el tratamiento de la situación en la que se encuentra su padre.
Conexión Palito
Ramón Palito Ortega estrechó su relación con Charly a mediados de 2005, cuando el bigote bicolor le ofreció grabar juntos un tema para Kill Gil . Tres años después, luego de la internación en la clínica Dharma, Ortega se preocupó por el estado de salud de García y fue uno de los músicos/amigos que lo visitaron (León Gieco, Pedro Aznar, Fernando Samalea y el Zorrito Quintiero también pasaron por su habitación). Una vez obtenida el alta, Palito puso a disposición una quinta en Luján de su propiedad para la externación de Charly, pero no funcionó y García volvió a ser internado.
¿Por qué decide la jueza?
Desde que salió del hospital Argerich, todas las decisiones sobre los movimientos de García recayeron en la jueza María Rosa Bosio, a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 92. Luego de la denuncia realizada por las autoridades del Argerich, los representantes de la familia "judicializaron el caso", según confirman allegados al músico, porque "no se podían hacer cargo". Durante esta semana, la jueza Bosio designó a un curador para que se encargue del aspecto financiero del caso y mediara entre ella y los familiares y amigos.
¿Cómo está?
"Charly estuvo bien 20 días atrás, pero, de pronto, pasó algo que no encajó. Fue como una patada en contra. Yo lo conozco bien y lo único que te puedo decir es que él no tuvo la culpa esta vez", porfía Mestre. Quienes lo acompañan de cerca apuntan que la recaída que sufrió la semana pasada se debió a un "error en la medicación administrada". "Ahora se le hicieron todos los estudios bien a fondo para ver qué tiene realmente y así poder tratarlo de manera correcta." En este punto, Szereszevsky coincide: "Charly está bien, es mentira que haya estado violento en la quinta de Palito. Le dieron una droga que lo tiró muy para abajo, no podía tocar nada y eso lo angustió. Estaba nervioso, pero no tuvo un ataque de ira como publicaron por ahí".
¿Y ahora quién se anima?
Si bien Avril se presenta como "clínica psiquiátrica de internaciones breves", familiares y amigos dudan de que el paso de García por sus instalaciones sea por un corto período. "Después de todo lo que ocurrió, ¿quién se anima a darle de alta?"
Crónica anunciada
En la última entrevista que le dio a LA NACION, hace exactamente un año, García confesó: "A veces me siento encerrado en una clínica". De ahí salió eso de "no insistas en ponerme cerraduras, soy libre y no pienso desistir. Cuando quiero salir, no me importa morir, no tengo fin, no tengo fin" [del tema "Transformación", incluido en el inédito Kill Gil ]. Destino o aguda visión del mundo que lo rodea, García también reescribió para su última obra los versos que John Lennon popularizó en el tema "Watching The Wheels": "Dicen que estoy loco, haga lo que haga", canta en el inicio de su versión del tema registrada para Kill Gil .
¿Y la música?
No son pocos los que a lo largo de la historia sostuvieron con convicción que la música es la mejor terapia, pero alrededor de García por el momento nadie piensa en planes musicales. Al menos en planes públicos, más allá de que para esta fecha se esperaba un nuevo retorno de Sui Generis. "Está todo parado hasta que se mejore y él decida qué quiere hacer". Por su parte, desde la compañía discográfica que aún mantiene contrato con García, EMI, aseguran que le pidieron al músico "los créditos de Kill Gil para poder editarlo, a pesar de que había aparecido en Internet, pero nunca los envió. Nuestra intención era liberarlo contractualmente, pero si editamos un disco así, nos podemos comer más de un juicio". Por ahora entonces, habrá que conformarse con escuchar la versión online de Kill Gil , donde García canta cosas como ésta: "Cada vez que trates de matar, quizás estés matando a quien te trata bien. Cada vez que quieras disfrazar, todos esos disfraces abrirán tu piel. Y cuando estés cansada de sangrar, verás que ya no hay nada que ganar".
jueves, 7 de agosto de 2008
miércoles, 6 de agosto de 2008
Técnicos y futbolistas, ¿también periodistas?
¿Deben incursionar los entrenadores y ex futbolistas en los medios de comunicación ejerciendo como periodistas?
En cada seminario de periodismo al que asistimos nos formulan la recurrente interrogación. De antemano, la consulta no es del todo correcta: los protagonistas son opinadores, no conducen programas, ni siquiera entrevistan, acaso mechan alguna pregunta. ¿Se sabe de muchos entrenadores o futbolistas que se convirtieran en figuras mediáticas? (Conocemos algunos: Quique Wolff, Sergio Goycochea, Carlos Caszely…) El rótulo de presentador es siempre ocupado por periodistas. Y es lógico: están mejor pertrechados para desarrollar la actividad. Son empíricos (la experiencia), académicos (la universidad), está la vocación y los cinco centavos de talento traídos de fábrica. Futbolistas y técnicos carecen de esos soportes.
A favor. Nadie sabe más de fútbol que los entrenadores y los ex futbolistas. Aportan calidad en el concepto, en el fundamento del análisis, enseñan a ver mejor el juego, descubren al público secretos que incluso el periodista desconoce. Naturalmente, al principio les cuesta adaptarse al micrófono, es un mundo diferente para ellos, pero luego le toman la mano y lo hacen con corrección. No brillan pues tienen la opinión blandita, se sienten inhibidos de reprobar a un colega. Es un código que se cuidan de violar. Y la crítica sin rigor pierde impacto. Un analista sin firmeza es como un jockey sin látigo. Pero está el tamiz natural de todas las cosas: lo bueno queda, lo malo se va solo. La prensa escrita está menos invadida en este aspecto porque escribir es una tarea muy específica y técnica; hablar hablamos todos, escribir no.
Si una transmisión mejora su producto y su mensaje con la incorporación de un hombre del fútbol, bienvenido, no podemos negarnos a la excelencia. No hay que temer. Tampoco es romántico actuar con sentido corporativo y decir “Si no es periodista que no entre”. Además, hay que escuchar la voz del soberano: la gente gusta de ver a los ídolos en TV, escucharlos en radio. Uno mismo se afana leyendo cualquier columna de Tostao cuando pesca una Folha de Sao Paulo. ¿Por qué negar ese deseo...? ¿Porque somos los periodistas quienes hacemos la sección deportes...?
Curiosamente, la gente del fútbol sí evidencia espíritu de cuerpo: para fungir como periodista ellos sólo deben ponerse un saco y una corbata; para ser entrenadores, nosotros deberíamos hacer un curso. Y nadie nos daría un equipo. Los mismos que braman si uno pisa un vestuario se acomodan lo más orondos en el estudio de televisión o en la cabina de radio.
Alegra ver a Mario Kempes en la pantalla de ESPN comentando la Liga Española o la Champions League. Es auténtico Marito, campechano casi, domina el tema. Le falta, claro, la soltura de un periodista, la formación para barnizar con un verbo más expresivo y galano su pensamiento. Además, no castiga. ¿Es pecado decir que un jugador es malo? En absoluto, sólo que Mario, como otros protagonistas, siente que no debe decirlo, lo ve como un colega.
Héctor Vega Onesime, ex director de El Gráfico radicado en Chile, lo ve con desagrado: “Hay un exceso de ex (futbolistas, técnicos, árbitros) en los medios, especialmente en TV. Y en la mayoría de los casos, sin aportar. Observo con preocupación y/o pena una proporción inversa a la que debiera: en un panel hay un periodista o comunicador y varios ex. Debiera ser al revés para que la opinión sea menos comprometida, más taxativa y dicha con mejor lenguaje”.
Edgardo Broner, excelente periodista argentino-venezolano, lo encuentra positivo: “Resulta un aporte interesante en tanto transmitan la óptica única de quien vivió los partidos en el campo y su entorno. Siempre que el personaje sea también un buen comunicador. Para ello deben estar claras las funciones de cada uno. Si el conductor del programa o la transmisión (vale también para el director de un medio escrito) pregunta sobre esas vivencias y relaciona esas realidades con las actuales, el valor agregado puede resultar extraordinario. Contar cómo se vive un partido antes, qué se hace en el entretiempo, las reacciones ante determinadas situaciones, ilustran a la audiencia”.
Aunque advierte sobre vicios y deformaciones: “Es un desperdicio tener a un ex futbolista como animador, anunciando un corte o tomando otras funciones que desconoce. En muchos de los casos en Latinoamérica, el personaje no se aprovecha bien. No debe tomar un papel que no le corresponda”.
En contra. No cierra ver un panel con un periodista y cuatro ex futbolistas. Ver individuos que se negaban a atender a la prensa en sus tiempos de jugador, o eran inaccesibles como técnicos, embolsando hoy miles de dólares por animar programas periodísticos. Otros que ingresan en los medios cuando están desocupados, se van cuando consiguen club, vuelven cuando los echan y otra vez se suben a la diligencia si les sale un contrato. ¡Así no, muchachos…!
Por Jorge Barraza (Diario El Universo 06/08/08)
En cada seminario de periodismo al que asistimos nos formulan la recurrente interrogación. De antemano, la consulta no es del todo correcta: los protagonistas son opinadores, no conducen programas, ni siquiera entrevistan, acaso mechan alguna pregunta. ¿Se sabe de muchos entrenadores o futbolistas que se convirtieran en figuras mediáticas? (Conocemos algunos: Quique Wolff, Sergio Goycochea, Carlos Caszely…) El rótulo de presentador es siempre ocupado por periodistas. Y es lógico: están mejor pertrechados para desarrollar la actividad. Son empíricos (la experiencia), académicos (la universidad), está la vocación y los cinco centavos de talento traídos de fábrica. Futbolistas y técnicos carecen de esos soportes.
A favor. Nadie sabe más de fútbol que los entrenadores y los ex futbolistas. Aportan calidad en el concepto, en el fundamento del análisis, enseñan a ver mejor el juego, descubren al público secretos que incluso el periodista desconoce. Naturalmente, al principio les cuesta adaptarse al micrófono, es un mundo diferente para ellos, pero luego le toman la mano y lo hacen con corrección. No brillan pues tienen la opinión blandita, se sienten inhibidos de reprobar a un colega. Es un código que se cuidan de violar. Y la crítica sin rigor pierde impacto. Un analista sin firmeza es como un jockey sin látigo. Pero está el tamiz natural de todas las cosas: lo bueno queda, lo malo se va solo. La prensa escrita está menos invadida en este aspecto porque escribir es una tarea muy específica y técnica; hablar hablamos todos, escribir no.
Si una transmisión mejora su producto y su mensaje con la incorporación de un hombre del fútbol, bienvenido, no podemos negarnos a la excelencia. No hay que temer. Tampoco es romántico actuar con sentido corporativo y decir “Si no es periodista que no entre”. Además, hay que escuchar la voz del soberano: la gente gusta de ver a los ídolos en TV, escucharlos en radio. Uno mismo se afana leyendo cualquier columna de Tostao cuando pesca una Folha de Sao Paulo. ¿Por qué negar ese deseo...? ¿Porque somos los periodistas quienes hacemos la sección deportes...?
Curiosamente, la gente del fútbol sí evidencia espíritu de cuerpo: para fungir como periodista ellos sólo deben ponerse un saco y una corbata; para ser entrenadores, nosotros deberíamos hacer un curso. Y nadie nos daría un equipo. Los mismos que braman si uno pisa un vestuario se acomodan lo más orondos en el estudio de televisión o en la cabina de radio.
Alegra ver a Mario Kempes en la pantalla de ESPN comentando la Liga Española o la Champions League. Es auténtico Marito, campechano casi, domina el tema. Le falta, claro, la soltura de un periodista, la formación para barnizar con un verbo más expresivo y galano su pensamiento. Además, no castiga. ¿Es pecado decir que un jugador es malo? En absoluto, sólo que Mario, como otros protagonistas, siente que no debe decirlo, lo ve como un colega.
Héctor Vega Onesime, ex director de El Gráfico radicado en Chile, lo ve con desagrado: “Hay un exceso de ex (futbolistas, técnicos, árbitros) en los medios, especialmente en TV. Y en la mayoría de los casos, sin aportar. Observo con preocupación y/o pena una proporción inversa a la que debiera: en un panel hay un periodista o comunicador y varios ex. Debiera ser al revés para que la opinión sea menos comprometida, más taxativa y dicha con mejor lenguaje”.
Edgardo Broner, excelente periodista argentino-venezolano, lo encuentra positivo: “Resulta un aporte interesante en tanto transmitan la óptica única de quien vivió los partidos en el campo y su entorno. Siempre que el personaje sea también un buen comunicador. Para ello deben estar claras las funciones de cada uno. Si el conductor del programa o la transmisión (vale también para el director de un medio escrito) pregunta sobre esas vivencias y relaciona esas realidades con las actuales, el valor agregado puede resultar extraordinario. Contar cómo se vive un partido antes, qué se hace en el entretiempo, las reacciones ante determinadas situaciones, ilustran a la audiencia”.
Aunque advierte sobre vicios y deformaciones: “Es un desperdicio tener a un ex futbolista como animador, anunciando un corte o tomando otras funciones que desconoce. En muchos de los casos en Latinoamérica, el personaje no se aprovecha bien. No debe tomar un papel que no le corresponda”.
En contra. No cierra ver un panel con un periodista y cuatro ex futbolistas. Ver individuos que se negaban a atender a la prensa en sus tiempos de jugador, o eran inaccesibles como técnicos, embolsando hoy miles de dólares por animar programas periodísticos. Otros que ingresan en los medios cuando están desocupados, se van cuando consiguen club, vuelven cuando los echan y otra vez se suben a la diligencia si les sale un contrato. ¡Así no, muchachos…!
Por Jorge Barraza (Diario El Universo 06/08/08)
sábado, 2 de agosto de 2008
SÓLO EL DEBER CUMPLIDO

Gracias a una gran recuperación, tras estar abajo por 19 puntos, la Argentina venció a Australia 95-91 y logró el título; faltaron coordinación y variantes
NANJING.- "¡Eh, Manu, levanten las manos!" , reclamaba un fotógrafo italiano. "¡El trofeo, muestren el trofeo!" , gritaba otro a la distancia, mientras apuntaba. La respuesta desde el podio, tras la coronación del seleccionado nacional campeón de la Copa Diamond Ball, fue un lento y leve movimiento de brazos en alto, algunas sonrisas y nada más. Nadie besó el trofeo ni se puso a saltar en ese primer escalón. Quedó claro que no tenían nada que festejar. Haberle ganado a Australia, el muy serio rival del 12 del actual en Pekín, sufriendo y por sólo cuatro puntos (95 a 91), no los dejó satisfechos.
Tampoco los colmó de felicidad la fenomenal levantada del tercer cuarto, después de perder por 19 puntos (54 a 35) a los 2 minutos. Y tampoco los monumentales trabajos de Luis Scola y Emanuel Ginóbili en el segundo tiempo, en el que convirtieron 28 y 18 puntos, respectivamente, para permitir un triunfo trabajoso, elaborado a puro oficio y brillantemente resuelto, sin fallar ni un tiro libre decisivo en los dos últimos minutos (6 de 6).
Pese a que mostraron casi todas las virtudes que ya son un sello de la Generación Dorada -temple, mentalidad ganadora, entrega, sacrificio, talento, garra, experiencia y mucho carácter-, la conclusión de casi todos fue esa moderada tranquilidad de haber hecho lo que debían. Sintieron, simplemente, que habían cumplido.
Haber escuchado, a dos metros del rectángulo de juego, todo lo que se dijeron durante los 40 minutos, deja en claro el altísimo grado de compromiso y oficio de un selecto grupo de seis o siete jugadores ganadores de cientos de batallas similares. Se apoyan, se ordenan, se reclaman, se piden disculpas, se alientan y se dan consejos de una manera admirable. Fruto de una química muy sólida y forjada en años. Fue un triunfo de orfebres logrado sobre la base de la sabiduría pura.
Pero, evidentemente, ellos no quieren tanto desgaste y tanto derroche físico; prefieren ganar sustentados en una mejor estructura colectiva, más ajustada en la coordinación defensiva y con un mayor repertorio de variantes para desequilibrar en sus ofensivas. El grupo campeón olímpico se crió así y sabe que para que Scola no tenga que eludir a tres torres y convertir un doble antológico, o para que Manu no deba penetrar en bandeja entre seis manos que se le cruzan en el aire y meter un doble impresionante, o para que Chapu Nocioni no tenga que andar volando de palo a palo para tomar un rebote de gigante, la Argentina necesita mayor orden táctico y estratégico. Clama por triunfos menos sacrificados, más inteligentes, armados merced de una estrategia casi ajedrecística. Porque ése es otro de los símbolos de los campeones olímpicos, que ayer apareció por momentos y, muchas veces, por obra y gracia de Pablo Prigioni, el arquitecto que con su traslado seguro es capaz de sacar conejos de la galera o soportar el asedio de la presión rival sin inmutarse, casi con desprecio, desalentando todo atrape que ensayen sobre él.
Pareció una victoria surgida de la calidad de los jugadores, de seis o siete, y no de una programación fina, calculada, bien aprendida y eficaz.
Es cierto que Australia fue un gran rival, que sorprendió con su capacidad para acertar triples y que, además de la superior talla física, mostró una agresividad inusitada: defendió muy bien y tuvo mucho coraje y atrevimiento, pero los argentinos, parece, no aceptan todas esas excusas.
Están contentos porque ganaron un torneo importante y dieron otro pasito al frente en el camino hacia los Juegos Olímpicos, pero los engranajes de la maquinaria que ellos pretenden, ese relojito exacto todavía no apareció. ¿Habrá tiempo? ¿O la esperanza habrá que apoyarla en la espalda de media docena de talentosos jugadores? Enigmas que sólo se develarán en el gran objetivo del año.
Los antecedentes del torneo Diamond Ball
Fue el tercer torneo Diamond Ball organizado por la FIBA. En los anteriores, éstas fueron las tres primeras posiciones: en 2000, en Belgrado, 1ero, Australia; 2°, Yugoslavia, y 3ero, Italia. En 2004, 1ero Serbia; 2°, Lituania, y 3ero, la Argentina. Y en el último, 1ero, la Argentina; 2°, Australia, y 3ero, China, que derrotó a Irán por 75-46. En el perdedor sufrió un esguince de tobillo izquierdo su figura, el pivote Hamed Ehadadi.
El público local se volco por la Argentina
Unos 7000 espectadores presenciaron ayer la final de la Copa Diamond Ball, en un estadio con capacidad para 11.000, y otra vez el público local volcó toda su predilección por el equipo argentino, especialmente por sus dos ídolos, Luis Scola y Emanuel Ginóbili, que se cansaron de firmar autógrafos.
Se busca un último amistoso antes del debut
Como no pudo concretarse un último amistoso en esta ciudad, el cuerpo técnico y los dirigentes de la Argentina están buscando la posibilidad de jugar en Pekín un partido contra alguno de los seleccionados que participarán en los Juegos. Claro que sería a puertas cerradas, pues el Comité Olímpico Internacional no permite encuentros amistosos con público dentro de Pekín.
MARCELO TARMA
Cómo están? Me llamo Marcelo Tarma, tengo 18 años y quiero decirles que estoy muerto, es decir me asesinaron el pasado lunes, pero bueno eso se los relataré más tarde, quería primero decirles que extraño mucho a mi mamá quien fue la que siempre se preocupó por mí y siempre me decía que cumpla mi sueño, que me vaya al acuartelamiento y que me haga militar, pese a que la gente se reía de eso y se burlaban de mí y también de mi mamá, creo, porque me había olvidado decirles que tengo algo de retraso mental y por eso la gente se confundía y creía que yo no podía tener sueños, pero sí los tenía y por eso fue que decidí viajar solo a Cuenca porque tenía que sacar la partida de nacimiento, y bueno, como yo no sé mucho de buses y pensaba que todos iban al mismo lugar no tomé el que iba a Cuenca sino otro que me llevó a un pueblo y yo creo que me perdí y llegué a un lugar que me dicen que se llama Putucay y me di cuenta de que estaba perdido, no sé por qué la gente empezó a gritar, me asusté y me traté de subir atrás de una camioneta pero esos señores que eran muy malos, me cogieron, me pegaron y me botaron de la camioneta y tengo que decirles que me puse a llorar porque me asusté más y porque me dolió también, pero yo nunca me imaginé que lo que vendría sería peor, porque de pronto me rodearon un poco de personas y me empezaron a insultar y a tirar piedras y yo tuve miedo, mucho miedo y solo quería estar con mi mamá, pero los señores no me hicieron caso y como estaban como locos, oía que gritaban maten al secuestrador y después vi que traían unos alambres de púas y yo no sabía para qué era eso, pero me empezaron a pegar y me amarraron con esos alambres que me raspaban la piel y me hacían salir mucha sangre y seguía pensando más en mi mamá, pero después me empezaron a arrastrar y me pusieron atrás de un caballo y el caballo me arrastraba y a cada rato me sentía peor porque nadie oía mis gritos, nadie me hacía caso y la gente gritaba más y más hasta que momentos más tarde, vi que traían gasolina y me la tiraron encima de mi cuerpo y yo quería preguntar por qué me hacían esto y solo oía ¡justicia divina, justicia popular!, y luego me prendieron fuego y ahí me desmayé pero más tarde oí un ruido de bala y ahí fue que me pegaron un tiro en el pecho y ahí creo que ya me morí y supe que ahora salí también en el periódico, que hablaban de lo que me había pasado pero me dio pena saber que nadie más dijo nada, porque yo pensé que esos señores que se reúnen allá en Montecristi y que dizque nos van a dar un país nuevo y maravilloso iban a decir algo, porque yo oía a la gente que me pegaba que decían que están hartos de los criminales, que la policía no sirve, que los jueces no sirven y que por eso les gustaba hacerse justicia con sus manos, pero yo les decía, señores, no es mi culpa, yo no he hecho nada, pero no me creían, entonces me puse a pensar que algo podrido pasa en mi país porque lo que me ocurrió a mí no le debería ocurrir a nadie, bajo ninguna circunstancia, por más de que como yo les decía tengo algo de retraso mental, pero ahora me dicen que estas cosas están pasando frecuentemente en mi país y que las personas como ustedes leen las noticias, dicen qué horror pero al ratito se olvidan y eso no me parece justo, no porque ahora esté muerto y extrañe mucho a mi mamá que vendía lotería para ayudarme, tampoco porque esté triste y llorando, sino porque el día de mañana les podría pasar a cualquiera de ustedes, pero ya no importa, solo quiero decirle a mi mamá que siempre la querré.
Por Alfonso Oramas (Editorialista Diario El Universo 2/08/08)
Por Alfonso Oramas (Editorialista Diario El Universo 2/08/08)
EL “OGRO FILANTRÓPICO”
Como ha ocurrido desde los inicios de nuestra vida republicana, la nueva Carta Magna es una amalgama de idealismo, paternalismo, legalismo y autoritarismo
En derechos individuales la nueva Constitución es una utopía. Hay un divorcio entre lo ideal y lo real, garantiza tantos beneficios, que solo faltó que nos asegure sin sufrimiento el amor y la muerte como parte del “buen vivir”. Para sustentar esta utopía, presupone recursos infinitos, repartidos a través del papá Estado. Sin embargo, el paternalismo engendra autoritarismo. A cambio de los beneficios exige sacrificar la libertad, concentra poderes y favorece el nacimiento de caudillos y mientras más se fortalece el caudillismo, más se debilita la ley. Se creará un “ogro filantrópico”, como definió el premio nobel Octavio Paz al Estado benefactor, obeso y atrofiado.
El paternalismo estatal será promovido a través de la burocracia, que será la encargada del cambio. ¿Puede la burocracia ser agente de cambio? No. La burocracia es fofa y lenta, conservadora por naturaleza, siempre argumentando leyes para decir NO se puede. Más aún en el Ecuador, donde la burocracia tiene deficiencias profesionales pues su selección mayoritariamente no resulta de méritos sino de recomendaciones, amistades y parentescos.
El propio presidente Rafael Correa ha debido probar esta amarga medicina: cuántas de sus promesas no han llegado a buen término por la ineficiencia burocrática, a pesar de las reprimendas públicas a sus ministros. Ejemplos sobran: el servicio del IESS, la caída de la producción en Petroecuador, las carreteras inconclusas, la rehabilitación del ferrocarril, etc.
Con 444 artículos, superada solo en número por constituciones africanas, la nueva ley suprema no llegará al ciudadano común, quien no podrá aprehenderla y apropiarse de ella, consecuentemente, no se institucionalizará.
Como las anteriores constituciones exigirá una multiplicación de más leyes, regulaciones y reglamentos, que pasarán a engrosar la lista de casi 100 mil leyes que se han dictado desde nuestra Independencia, de las cuales están vigentes 45 mil, muchas duplicadas y contradictorias. Este laberinto legal entorpece el trabajo, facilita la corrupción y vuelve indolente a la burocracia. No hay rapidez ni para una emergencia. Según Justicia Vial un 40 por ciento de los reclamos del seguro de accidentes –SOAT– no ha sido pagado a pesar de meses de trámites, porque falta una firma del ministro de Gobierno.
La nueva Constitución crea un cuarto poder, el poder ciudadano, llamado a controlar a los poderes Ejecutivo, Judicial, Legislativo. Será responsable de nominar a todos los órganos de control, incluidos la Corte Constitucional, los superintendentes y los defensores del pueblo, etc.
Su conformación está mayoritariamente atada al poder Ejecutivo. No hay un contrapeso para este ente: nadie controla al controlador.
Es decir el sistema alimentará la peste autoritaria, acunada por naturaleza en quienes buscan el poder. Es una lástima que hayamos desperdiciado otra oportunidad para construir una democracia sólida y sana sin los tumores autoritarios, agazapados en un “ogro filantrópico”.
Por Dra.Patricia Estupiñan (Revista Vistazo/08)
En derechos individuales la nueva Constitución es una utopía. Hay un divorcio entre lo ideal y lo real, garantiza tantos beneficios, que solo faltó que nos asegure sin sufrimiento el amor y la muerte como parte del “buen vivir”. Para sustentar esta utopía, presupone recursos infinitos, repartidos a través del papá Estado. Sin embargo, el paternalismo engendra autoritarismo. A cambio de los beneficios exige sacrificar la libertad, concentra poderes y favorece el nacimiento de caudillos y mientras más se fortalece el caudillismo, más se debilita la ley. Se creará un “ogro filantrópico”, como definió el premio nobel Octavio Paz al Estado benefactor, obeso y atrofiado.
El paternalismo estatal será promovido a través de la burocracia, que será la encargada del cambio. ¿Puede la burocracia ser agente de cambio? No. La burocracia es fofa y lenta, conservadora por naturaleza, siempre argumentando leyes para decir NO se puede. Más aún en el Ecuador, donde la burocracia tiene deficiencias profesionales pues su selección mayoritariamente no resulta de méritos sino de recomendaciones, amistades y parentescos.
El propio presidente Rafael Correa ha debido probar esta amarga medicina: cuántas de sus promesas no han llegado a buen término por la ineficiencia burocrática, a pesar de las reprimendas públicas a sus ministros. Ejemplos sobran: el servicio del IESS, la caída de la producción en Petroecuador, las carreteras inconclusas, la rehabilitación del ferrocarril, etc.
Con 444 artículos, superada solo en número por constituciones africanas, la nueva ley suprema no llegará al ciudadano común, quien no podrá aprehenderla y apropiarse de ella, consecuentemente, no se institucionalizará.
Como las anteriores constituciones exigirá una multiplicación de más leyes, regulaciones y reglamentos, que pasarán a engrosar la lista de casi 100 mil leyes que se han dictado desde nuestra Independencia, de las cuales están vigentes 45 mil, muchas duplicadas y contradictorias. Este laberinto legal entorpece el trabajo, facilita la corrupción y vuelve indolente a la burocracia. No hay rapidez ni para una emergencia. Según Justicia Vial un 40 por ciento de los reclamos del seguro de accidentes –SOAT– no ha sido pagado a pesar de meses de trámites, porque falta una firma del ministro de Gobierno.
La nueva Constitución crea un cuarto poder, el poder ciudadano, llamado a controlar a los poderes Ejecutivo, Judicial, Legislativo. Será responsable de nominar a todos los órganos de control, incluidos la Corte Constitucional, los superintendentes y los defensores del pueblo, etc.
Su conformación está mayoritariamente atada al poder Ejecutivo. No hay un contrapeso para este ente: nadie controla al controlador.
Es decir el sistema alimentará la peste autoritaria, acunada por naturaleza en quienes buscan el poder. Es una lástima que hayamos desperdiciado otra oportunidad para construir una democracia sólida y sana sin los tumores autoritarios, agazapados en un “ogro filantrópico”.
Por Dra.Patricia Estupiñan (Revista Vistazo/08)
ELECTORALISMO
El contenido del proyecto de Constitución pasa a ser la última rueda del coche en la estrategia electoral del presidente Rafael Correa para el referéndum.
El éxito político de Correa, al dejar fuera de juego a la partidocracia, lo lleva a la porfía de querer trepar –como sea– a un adversario al cuadrilátero del espectáculo electorero, a propósito de desparramarse en fintas para distraer al público y arrancarle aplausos.
Por eso Nebot y Febres-Cordero, que eran los pesos pesados de la partidocracia, se resisten a ser utilizados. Mientras contra el uno todavía no encuentran –ni encontrarán en la policía– evidencias de crímenes de lesa humanidad, el otro prefiere mantener su postura de líder de Guayaquil preocupado por el aniquilamiento de la autonomía antes que de cabeza de turco de un anticorreísmo sin mayor alcance popular. De la omnipotente partidocracia quedan restos esparcidos por doquier, con el agravante para Correa que algunos se han hecho correístas como ID, PRE y MPD. A Pachakútik despreció olímpicamente.
La DP se vino abajo con el colapso de Mahuad, que arrastró a Hurtado en las elecciones presidenciales del 2002, y dio su manotón de ahogado en el golpe contra Lucio mocionando el abandono.
Alvarito está más ocupado en salvarse del SRI que de salvar a la patria. Lucio aún palpita pero a Correa no le hace gracia erigirlo en su único rival y resucitarlo, por ello, además de no invitarlo al “ring”, incautó las antenas de sus transmisiones vía satélite.
Esta porfía subsiste a pesar del suceso electorero en reflotar el caso Filanbanco. Lo cual políticamente estuvo bien en momentos en que su gobierno se estaba pareciendo cada vez más a los del repudiado cuño partidocrático. Fue así como con las incautaciones taladró el dique protector levantado palmo a palmo por la partidocracia en pleno mediante disposición transitoria en la Constitución de 1998, leyes especialísimas, y títeres serviciales en administración de justicia, órganos de control y AGD. Ciertamente, desde que el Papa Inocencio III exaltó al diablo para volver más deseado a Dios e impulsar la Inquisición, todo actor político necesita un adversario maligno de carne y hueso que haga visible la contienda, encienda los ánimos y estalle los petardos del gran circo. Si no fuera así a Correa le bastaría proceder con incautaciones a otros ex banqueros, según lo establece imperativamente el mandato constituyente número 13. Pero eso no le interesa, porque ni siquiera en el caso Filanbanco va a efectuarse una recuperación de los ingentes costos del Banco Central que sepultaron a la moneda nacional. De lo que se trata es de ganar el referéndum planteando la votación entre Correa el superhéroe contra los capos del crimen organizado, y qué mejor que una espectacular sanción económica ante la impunidad prohijada por la inacción partidocrática.
En tal virtud, el contenido del proyecto de Constitución pasa a ser la última rueda del coche en la estrategia electoral de Correa para el referéndum. Lo cual revela que el problema de fondo es otro, y ni siquiera se refiere a que ese proyecto constitucional sea conveniente o no para los mejores intereses del país. El meollo del asunto es que se perpetúa una falsa democracia, peyorativamente etiquetada como electorera por los revolucionarios de la democracia participativa.
Lo lamentable radica que en el régimen de la partidocracia siendo escasas las elecciones –eso sí– cada vez que había una era usada para restregar en la cara de la oposición que el mandante soberano daba su endoso. Equivalente a un cheque en blanco, porque los líderes iluminados a su arbitrio disponían de ese mandato. Ahora la diferencia está en que se aumenta la frecuencia de los eventos electorales, ya vamos al quinto en dos años, pero el resultado sigue siendo de libre disponibilidad para el caudillo de turno. Y la aplicación de este privilegio realmente sale de vísceras o inspiración, capricho o necesidad.
Sólo queda rogar a Dios que el delirio de esta fiebre de puerperio no sea tan dañino. Porque hasta que el pueblo se de cuenta volverán a pasar 10 años.
Por Alfredo Pinoargote (Revista Vistazo Agosto/08)
El éxito político de Correa, al dejar fuera de juego a la partidocracia, lo lleva a la porfía de querer trepar –como sea– a un adversario al cuadrilátero del espectáculo electorero, a propósito de desparramarse en fintas para distraer al público y arrancarle aplausos.
Por eso Nebot y Febres-Cordero, que eran los pesos pesados de la partidocracia, se resisten a ser utilizados. Mientras contra el uno todavía no encuentran –ni encontrarán en la policía– evidencias de crímenes de lesa humanidad, el otro prefiere mantener su postura de líder de Guayaquil preocupado por el aniquilamiento de la autonomía antes que de cabeza de turco de un anticorreísmo sin mayor alcance popular. De la omnipotente partidocracia quedan restos esparcidos por doquier, con el agravante para Correa que algunos se han hecho correístas como ID, PRE y MPD. A Pachakútik despreció olímpicamente.
La DP se vino abajo con el colapso de Mahuad, que arrastró a Hurtado en las elecciones presidenciales del 2002, y dio su manotón de ahogado en el golpe contra Lucio mocionando el abandono.
Alvarito está más ocupado en salvarse del SRI que de salvar a la patria. Lucio aún palpita pero a Correa no le hace gracia erigirlo en su único rival y resucitarlo, por ello, además de no invitarlo al “ring”, incautó las antenas de sus transmisiones vía satélite.
Esta porfía subsiste a pesar del suceso electorero en reflotar el caso Filanbanco. Lo cual políticamente estuvo bien en momentos en que su gobierno se estaba pareciendo cada vez más a los del repudiado cuño partidocrático. Fue así como con las incautaciones taladró el dique protector levantado palmo a palmo por la partidocracia en pleno mediante disposición transitoria en la Constitución de 1998, leyes especialísimas, y títeres serviciales en administración de justicia, órganos de control y AGD. Ciertamente, desde que el Papa Inocencio III exaltó al diablo para volver más deseado a Dios e impulsar la Inquisición, todo actor político necesita un adversario maligno de carne y hueso que haga visible la contienda, encienda los ánimos y estalle los petardos del gran circo. Si no fuera así a Correa le bastaría proceder con incautaciones a otros ex banqueros, según lo establece imperativamente el mandato constituyente número 13. Pero eso no le interesa, porque ni siquiera en el caso Filanbanco va a efectuarse una recuperación de los ingentes costos del Banco Central que sepultaron a la moneda nacional. De lo que se trata es de ganar el referéndum planteando la votación entre Correa el superhéroe contra los capos del crimen organizado, y qué mejor que una espectacular sanción económica ante la impunidad prohijada por la inacción partidocrática.
En tal virtud, el contenido del proyecto de Constitución pasa a ser la última rueda del coche en la estrategia electoral de Correa para el referéndum. Lo cual revela que el problema de fondo es otro, y ni siquiera se refiere a que ese proyecto constitucional sea conveniente o no para los mejores intereses del país. El meollo del asunto es que se perpetúa una falsa democracia, peyorativamente etiquetada como electorera por los revolucionarios de la democracia participativa.
Lo lamentable radica que en el régimen de la partidocracia siendo escasas las elecciones –eso sí– cada vez que había una era usada para restregar en la cara de la oposición que el mandante soberano daba su endoso. Equivalente a un cheque en blanco, porque los líderes iluminados a su arbitrio disponían de ese mandato. Ahora la diferencia está en que se aumenta la frecuencia de los eventos electorales, ya vamos al quinto en dos años, pero el resultado sigue siendo de libre disponibilidad para el caudillo de turno. Y la aplicación de este privilegio realmente sale de vísceras o inspiración, capricho o necesidad.
Sólo queda rogar a Dios que el delirio de esta fiebre de puerperio no sea tan dañino. Porque hasta que el pueblo se de cuenta volverán a pasar 10 años.
Por Alfredo Pinoargote (Revista Vistazo Agosto/08)
LA REVOLUCIÓN SUPERFICIAL
“Hay slogans que sirven un día y son buenos; hay slogans que funcionan muchas campañas y son mejores; pero hay los que duran toda la vida: esos son los imprescindibles”. Agencia Patito.
A alguien le pareció una buena idea enunciar del siguiente modo, a través de una pancarta, lo que estaba ocurriendo en Montecristi: En cuatro días se acaba el pasado.
Aunque luego cambiaron los significantes (En dos días comienza el futuro), el sentido siguió siendo el mismo.
Nada más y nada menos que el mismo, desde el punto de vista filosófico, que hace 19 años permitió anunciar sobre las cenizas del muro de Berlín el fin de la historia, a cargo de otro grupo de profetas anti marxistas (a contrapelo de lo que opinan Joyce Higgins de Ginatta y Jorge Ortiz, el socialismo del Siglo XXI es ante todo uno no marxista, cuestión que debería ser materia del mayor análisis por parte de quienes consideramos que el mal fundamental de nuestra sociedad no es la partidocracia, sino la desigualdad, en todo género y lugar).
A la luz del recuerdo de la fracasada enunciación reaccionaria sobre la finitud de los conflictos, los neoconservadores socialistas del siglo XXI harían bien en preguntarse la eficacia y durabilidad de una constitución nacida sin el consenso del disenso, más allá de que el SÍ triunfe en el próximo plebiscito en los términos anunciados por el señor Presidente: por paliza, como si la dignidad de la democracia, al igual que en el fútbol y el arte, no consistiera precisamente en la dignidad ante y frente a la derrota.
La indignación acumulada por décadas de injusticias contra nuestro pueblo, humillado y ofendido, explica y hasta podría justificar la tolerancia hacia el autoritarismo y la racionalidad todavía imperantes, hijas del status quo ¿anterior? (de alguna manera, todos somos hijos de Febres-Cordero; es decir, criados en un cierto clima de intolerancia y negación macha del otro). Pero no hay que estudiar a Maquiavelo ni a Norberto Bobbio (basta ver una película de Stallone) para comprender que voltear la tortilla puede ser muy emo- cionante en el corto plazo, pero después, en términos de institucionalidad, ¿qué? Al estupor que nos produce la extensión cecilbedemilesca de la Constitución (más parecida a una súper producción bíblica con Charlton Heston que al librito que hace años Hugo Chávez repartió en versión mini de bolsillo, una idea que ojalá aquí se copiara), hay que sumar los gestos inequívocos del inicio de la Asamblea (la aplanadora electoral sin control del gasto estatal) y su patético final, victoriosos los asambleístas por terminar en el plazo justo y necesario… para evitar el desgaste del Ejecutivo.
La historia ocurre primero como tragedia y luego se repite como farsa, decía Marx en el 18 de Brumario. Por un lado, para muchos ciudadanos, incluidos varios de los mejores militantes y funcionarios de Alianza País, la actual disyuntiva política reproduce, ciertamente corregida y mejorada, pero también por ello aumentada, la perversa disyuntiva maximalista entre “pasado” y “presente” del plebiscito de Alarcón-Verduga de los años 97-98; por otro lado, fuera de los representantes de los grupos de poder hoy sustituidos por una nueva derecha alrededor del Presidente, nadie quiere el fracaso del Gobierno: especialmente para la izquierda orgánica, la derrota del ¿proyecto? correísta sería equiparable a una especie de debacle “definitiva”.
Escribo sin saber aún el destino que habrá tenido el nombre de Dios en el preámbulo del nuevo texto constitucional, pero me parece que el relato del fin-comienzo de la historia ubica el debate actual en una perspectiva teológica y teleológica: la tan ansiada como ausente revolución ciudadana parece más un asunto de fe antes que de construcciones sociales democráticas.
Por Santiago Roldos (Revista Vistazo Agosto/08)
A alguien le pareció una buena idea enunciar del siguiente modo, a través de una pancarta, lo que estaba ocurriendo en Montecristi: En cuatro días se acaba el pasado.
Aunque luego cambiaron los significantes (En dos días comienza el futuro), el sentido siguió siendo el mismo.
Nada más y nada menos que el mismo, desde el punto de vista filosófico, que hace 19 años permitió anunciar sobre las cenizas del muro de Berlín el fin de la historia, a cargo de otro grupo de profetas anti marxistas (a contrapelo de lo que opinan Joyce Higgins de Ginatta y Jorge Ortiz, el socialismo del Siglo XXI es ante todo uno no marxista, cuestión que debería ser materia del mayor análisis por parte de quienes consideramos que el mal fundamental de nuestra sociedad no es la partidocracia, sino la desigualdad, en todo género y lugar).
A la luz del recuerdo de la fracasada enunciación reaccionaria sobre la finitud de los conflictos, los neoconservadores socialistas del siglo XXI harían bien en preguntarse la eficacia y durabilidad de una constitución nacida sin el consenso del disenso, más allá de que el SÍ triunfe en el próximo plebiscito en los términos anunciados por el señor Presidente: por paliza, como si la dignidad de la democracia, al igual que en el fútbol y el arte, no consistiera precisamente en la dignidad ante y frente a la derrota.
La indignación acumulada por décadas de injusticias contra nuestro pueblo, humillado y ofendido, explica y hasta podría justificar la tolerancia hacia el autoritarismo y la racionalidad todavía imperantes, hijas del status quo ¿anterior? (de alguna manera, todos somos hijos de Febres-Cordero; es decir, criados en un cierto clima de intolerancia y negación macha del otro). Pero no hay que estudiar a Maquiavelo ni a Norberto Bobbio (basta ver una película de Stallone) para comprender que voltear la tortilla puede ser muy emo- cionante en el corto plazo, pero después, en términos de institucionalidad, ¿qué? Al estupor que nos produce la extensión cecilbedemilesca de la Constitución (más parecida a una súper producción bíblica con Charlton Heston que al librito que hace años Hugo Chávez repartió en versión mini de bolsillo, una idea que ojalá aquí se copiara), hay que sumar los gestos inequívocos del inicio de la Asamblea (la aplanadora electoral sin control del gasto estatal) y su patético final, victoriosos los asambleístas por terminar en el plazo justo y necesario… para evitar el desgaste del Ejecutivo.
La historia ocurre primero como tragedia y luego se repite como farsa, decía Marx en el 18 de Brumario. Por un lado, para muchos ciudadanos, incluidos varios de los mejores militantes y funcionarios de Alianza País, la actual disyuntiva política reproduce, ciertamente corregida y mejorada, pero también por ello aumentada, la perversa disyuntiva maximalista entre “pasado” y “presente” del plebiscito de Alarcón-Verduga de los años 97-98; por otro lado, fuera de los representantes de los grupos de poder hoy sustituidos por una nueva derecha alrededor del Presidente, nadie quiere el fracaso del Gobierno: especialmente para la izquierda orgánica, la derrota del ¿proyecto? correísta sería equiparable a una especie de debacle “definitiva”.
Escribo sin saber aún el destino que habrá tenido el nombre de Dios en el preámbulo del nuevo texto constitucional, pero me parece que el relato del fin-comienzo de la historia ubica el debate actual en una perspectiva teológica y teleológica: la tan ansiada como ausente revolución ciudadana parece más un asunto de fe antes que de construcciones sociales democráticas.
Por Santiago Roldos (Revista Vistazo Agosto/08)
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