LA MEJOR PREPARACION. Después de una temporada durísima, luchando con la máxima intensidad por tres competiciones, y de un mes de mayo que más que el Tourmalet está siendo el Himalaya, por lo menos Guardiola y los jugadores dispondrán de diez días para preparar la final de la Champions. Tampoco se necesitan muchos más la verdad, pues demasiado tiempo de descanso podría significar perder la forma y desenchufarse mentalmente del gran objetivo. Pero, en cualquier caso, que los titulares hubieran tenido que jugar el sábado contra Osasuna hubiera sido contraproducente. Así que el Barça se encuentra en el mejor escenario posible, igual que su rival, para preparar a conciencia la conquista de Roma. No nos cabe ninguna duda de que Guardiola trabajará a fondo la estrategia, la mentalización y la táctica para enfrentarse al único equipo que puede hacerle sombra. Y si el Barça quiere ser el mejor equipo del mundo, tiene que ganar al Manchester, que por algo es, todavía, el actual campeón de Europa.
LA CONFIRMACION DE INIESTA. Es una gran noticia que Iniesta se recupere a tiempo de jugar la finalísima del día 27. Para él, que se lo merece, para el Barça, que le necesita, y para la afición, que lo desea. Andrés ha dado este año un salto de calidad impresionante, hasta el punto de que en diez meses ha ganado la Eurocopa, la Liga y la Copa del Rey, algo que está al alcance de muy pocos y no digamos ya si también gana la Champions. El próximo miércoles estará con los mejores, con sus compañeros y las estrellas del Manchester, y puede salir del Olímpico de Roma confirmado como lo que es, un crak mundial. Por su carácter introvertido y su modestia, Iniesta no ha sido una estrella mediática ni reconocida más allá del fútbol español, pero esta última temporada ha roto barreras y su prestigio de ha disparado.
LA PRIMERA CHAMPIONS DE HENRY. Si Henry vino al Barça fue, básicamente, para ganar la Copa de Europa. Tití ha ganado prácticamente todo lo que se puede ganar como futbolista. Campeón del mundo (1998) y de la Eurocopa (2000) con Francia. Campeón de la Premier League (2002 y 2004) y de la Cup (2002, 2003 y 2005) con el Arsenal. Campeón de la Liga francesa (1997) con el Mónaco. Cuatro veces máximo goleador en Inglaterra, dos veces Bota de Oro europeo y, ahora, campeón de la Liga y de la Copa con el Barça. Sólo le falta la Copa de Europa y después de perderla con el Arsenal, precisamente ante el Barça en la final de París, en el 2006, se dio cuenta de que el único equipo en el que tendría la oportunidad de conquistarla era el Barcelona. Por el estilo de juego, por la calidad de sus futbolistas y porque su etapa en el Arsenal ya no daba para más, eligió el Camp Nou y eligió bien. En el segundo año le llega la gran oportunidad y no podía perderse esta final. También es una gran noticia que se recupere de la lesión y pueda estar en Roma porque es uno de estos futbolistas que marca diferencias y, por lo tanto, puede ser decisivo en una final. Tiene todo el talento del mundo y, lo más importante, la máxima ambición para ganar un título que le redondee un palmarés al nivel de los más grandes de la historia.
lunes, 18 de mayo de 2009
domingo, 17 de mayo de 2009
CON EL REGRESO DE RIQUELME BOCA GANA DESPUES DE SIETE FECHAS

Boca no cumplió una actuación descollante, pero para su presente rendimientos como los de esta tarde son positivos. Los xeneizes volvieron a ganar en el torneo Clausura y despegan del fondo de la tabla. En la Bombonera, el equipo de Carlos Ischia superó a Arsenal por 2 a 1, tras dar vuelta el marcador, y consiguió un éxito en el certamen vernáculo, luego de siete partidos, el día en el que volvió a jugar Juan Román Riquelme.
Los goles fueron todos en el primer tiempo. Mauro Matos abrió el marcador, pero Boca revirtió el marcador con los tantos de Luciano Figueroa y Cristian Chávez. Los xeneizes ahora suman 16 puntos en el Clausura y dejaron atrás la penúltima posición.
Boca no ganaba en el campeonato desde el 14 de marzo, cuando se impuso por 3 a 0 a Argentinos, en la Bombonera. Desde entonces, pasaron siete partidos.
El encuentro sirvió para que volviera a jugar Riquelme, quien estuvo inactivo durante 36 días por una fascitis plantar en su pie derecho y no jugaba desde el 9 de abril en la victoria ante Guaraní, de Paraguay, por la Copa Libertadores. El enganche empezó mal la tarde al malograr un penal, pero pudo jugar 90 minutos y se ilusiona con estar el jueves por el certamen continental ante Defensor Sporting, de Uruguay, por el partido de vuelta de los octavos de final, tras el 2 a 2 en la ida, en Montevideo.
En el primer tiempo, Boca se vio sorprendido de entrada, como si hubiera entrado desconcentrado. A los 6 minutos, Arsenal se puso en ventaja. Tras un rebote y una buena acción de Leguizamón, Matos definió desde adentro del área chica y marcó el 1 a 0.
Ni la presencia de Riquelme levantaba a Boca. Sin embargo, los xeneizes tuvieron una posibilidad inmejorable para ponerse en ventaja. A los 12, el árbitro Abal marcó penal por una inexistente falta de Matellán a Figueroa. Riquelme ejecutó la pena máxima, pero Campestrini contuvo el remate.
De a poco, Boca empezó a crecer y, finalmente, la igualdad llegó a los 24. Tras un buen pase de Chávez, Figueroa definió ante la salida del arquero y estableció el 1 a 1. Antes de la conclusión de la primera mitad, los locales revirtieron el marcador. Un centro desde la izquierda de Mouche, encontró solo a Chavez, quien definió para cambiar la chapa: 2 a 1.
En el complemento, Boca tuvo varias ocasiones para liquidar el partido. Sin embargo, chocó y chocó con Campestrini, una de las figuras de la tarde. Arsenal preocupaba con las aproximaciones de Matos, uno de los mejores de su equipo.
El fantasma de los últimos minutos volvía a posarse en la Bombonera. Los xeneizes venían de perder puntos en el epílogo ante Banfield, San Lorenzo y Defensor Sporting. Aunque, esta vez, la tendencia cambió: Boca volvió a ganar y ahora vuelve a pensar en la Copa Libertadores.
viernes, 15 de mayo de 2009
LA SOMBRA DE DUDAS AUN NO SE BORRA

MONTEVIDEO.- Puede haber más preguntas, es evidente. Por caso, ¿este Boca puede lograr el título en esta Copa Libertadores? ¿Sin Riquelme podrá recuperar la conducción perdida? O, ¿será Carlos Ischia capaz de encontrar soluciones a tiempo para las carencias futbolísticas del equipo? Todos los interrogantes resultan interesantes. Pero, ahora, a medio camino como está el equipo, cualquier contestación puede desvanecerse en cuestión de segundos.
Así, mientras espera que transcurra el tiempo para quitarse las dudas que le quedan, Boca hace su negocio. No deslumbra, pero se lleva un punto interesante. Casi sin merecerlo, Boca quedó bien perfilado para el desquite del jueves que viene. Con la presencia de sus hombres de ataque siempre determinante le alcanzó para igualar 2-2 con Defensor Sporting. Y fue un premio exagerado para el equipo xeneize, que sin mostrar mucho más que su rival tuvo, al menos, el wespíritu necesario para alcanzar la diferencia de los dos goles de visitantes, tan importantes para la revancha en la Bombonera.
A pesar del gol de Palermo a los cuatro minutos, con una volea después de un córner de Gaitán, a Boca le costó tener casi todo bajo control, dentro de un desarrollo malo, impreciso y con muchos pelotazos. Colectivamente, dio facilidades en el medio y, sobre todo, en la defensa, que le abrió paso a las situaciones de riesgo cerca de un cada vez más dubitativo Abbondanzieri. En gran parte del primer tiempo, Defensor, sin mucho más que Boca, dispuso de ocasiones para desnivelar, pero le faltaron puntería y potencia.
En casi todo el primer tiempo, a los jugadores xeneizes les costó hacer pie, y especialmente no tuvieron el patrón de juego como para sentirse dueños de la pelota. Y también se equivocó en lo táctico, pues apostó por un 4-4-2 enredado en un funcionamiento carente de sentido. Pero ese no fue, por cierto, el único problema del equipo de Ischia. Atacó con muy poca gente. Vargas aportó muy poco en el medio y, por los costados, Cristian Chávez y Gaitán no sumaron peligro.
A falta de ideas, y con los jugadores regalándose la pelota a diestra y siniestra, sólo hubo cabida para el recurso del pelotazo -con los minutos, ninguno pudo ni quiso intentar otra cosa-; eso no hacía más que simplificarles el trabajo a los defensores. Claro que la última línea de Boca lejos estuvo de dar seguridad, especialmente sus laterales Ibarra y Morel Rodríguez. Por eso, la igualdad de Defensor no sorprendió a un minuto para el final del primer capítulo, después de un toque de Gaglianone a centímetros del palo, ante la pasividad de Ibarra y Abbondanzieri.
A pesar de que Boca tuvo un partido chato, igual se puso en ventaja nuevamente. Mucho influyó la fortuna luego de un defectuoso remate de Palermo que quedó en los pies de Palacio para el 2-1 transitorio. Hoy Boca es un equipo demasiado vulnerable como para relajarse y descansar en una prestación efectiva de unos pocos minutos. Y volvió a sufrir en el final del partido, cuando Mora aprovechó un quedo de Morel Rodríguez y otro de Abbondanzieri para sellar el resultado. Que pudo ser de Defensor si Forlín no evitaba la caída ante Vera. No hubo tiempo para más. Menos mal para Boca, que sigue totalmente desorientado y que sólo tiene para rescatar el resultado.
RIQUELME VUELVE A LA TITULARIDAD LUEGO DE UN MES DE INACTIVIDAD

Tras un poco más de un mes, Juan Román Riquelme volverá a jugar en Boca, en el partido que los xeneizes jueguen con Arsenal. El mediocampista se mostró recuperado de su lesión y estará desde el arranque el partido del próximo domingo.
Riquelme no juega desde el 9 de abril, cuando Boca derrotó a Guaraní 3-1, donde el mediocampista marcó un gol de penal. En las prácticas de hoy Román no mostró signos de dolor, e integró el equipo titular que enfrentará a Arsenal en la Bombonera.
Tras los entrenamientos, Carlos Ischia, confirmó que Riquelme estará desde el arranque. "La idea es que Román empiece jugando", declaró el DT en la conferencia que realizó luego de la práctica de hoy.
"Que sea una buena vuelta, que esté bien, que le sirva para sumar minutos pensando en lo que viene y que su retorno sea ganando", agregó Ischia.
Ischia hará jugar a Riquelme desde el comienzo del partido, para que sume minutos pensando en lo que será la revancha del partido con Defensor Sporting, por la Copa Libertadores.
En los entrenamientos de hoy, Riquelme integró el equipo titular que paró Carlos Ischia, que estuvo integrado por: Josué Ayala; Alejandro Alfonso, Gastón Sauro, Gabriel Paletta, Juan Kropoviesa; Leandro Gracián, Exequiel Benavídez, Damián Díaz; Juan Román Riquelme; Pablo Mouche y Luciano Figueroa.
Con respecto a lo que fue el empate de ayer con Defensor Sporting, Ischia declaró que tuvo "mucha bronca" por la igualdad. "Cuando tenés un partido cerca de ganar y no podés, te da mucha bronca", dijo.
Los jugadores que disputaron el encuentro de ayer con Defensor Sporting, realizaron ejercicios regenerativos, y muchos de ellos no estarán concentrados para el partido del domingo.
lunes, 11 de mayo de 2009
EL FUERTE
En la vieja Argentina de los setenta la gran mayoría pertenecíamos a la clase obrera. Los más afortunados podían irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los más pobres nos conformábamos con quedarnos en casa. Lo que jamás se me hubiese cruzado por la cabeza, es que aquel verano del 77 un pequeño incidente me iba a cambiar la vida para siempre.
Era el primer día de regreso a clases, a principios de Marzo. Y la maestra insistió con el mismo método pedagógico que venía usando desde el primer grado: preguntarle a cada alumno a dónde habían pasado sus vacaciones. Uno a uno iban levantando la mano y diciendo en voz alta los lugares que habían visitado. Y la inmensa mayoría tenía una historia que contar. Las montañas. El mar. La carpa junto al río. La nieve en algún lugar remoto.
Fue entonces que me cansé de ser pobre, supongo. O de no haber podido ir a ninguna parte, casi nunca.
-Yo no fui a ningún lado, porque no quise –confesé con la mano alzada.
-¿Cómo que no quisiste? –replicó la maestra.
-Si, porque mi papá me dijo que podía elegir: o íbamos a algún lugar de vacaciones o me construía un fuerte.
-¿Un fuerte? ¿Cómo que un fuerte? –contestó.
A esta altura me había ganado la atención de toda la clase. Fue la primera vez que sentía que yo era por fin, importante para los demás, y dejaba de ser el alumno invisible de siempre.
Obviamente, lo del fuerte era mentira, pero por alguna razón sentía que se me había ocurrido una buena idea para no ser menos que los demás. Era justo que por
esta vez, me tocara a mí ser el centro de las miradas y los comentarios.
-Un fuerte de verdad –agregué- un fuerte como tienen los soldados en las películas, con troncos alrededor, con un mangrullo para ver los indios de lejos, con armas, con una bandera…me lo hizo mi papá al fondo de mi casa porque el es carpintero.
-Qué bueno. Con semejante regalo es lógico que no hayas querido irte de vacaciones- finalizó la maestra.
En el recreo me rodearon casi todos los compañeros pidiéndome detalles. Y como ya no me sentía avergonzado de no haberme ido de vacaciones, no escatimé en agregarle lo que se me ocurría a la virtual construcción del fondo de mi casa. Dije que era inmenso, tamaño real. Que tranquilamente podía albergar a toda la clase, que seguramente algún parque de diversiones iba a querer comprarlo, algún día. Todos los alumnos me miraban asombrados. Que tipo con suerte. Tener un papá que te construya un fuerte para uno solo. Esas eran verdaderas vacaciones, si señor.
Pero alguien decidió arruinarme el día.
-Si es verdad, queremos ir a verlo –dijo un “mal compañero” que se llamaba Marcelo Negri.
-¿H…oy? –tartamudeé- hoy no se va a poder, porque mi mamá está muy enferma (a esta altura, una mentira mas era una manchita más al tigre).
-Entonces mañana, ¿o te inventaste todo eso del fuerte? –dijo.
-¿Cómo me lo voy a inventar? Si les digo que tengo un fuerte, es porque es verdad- respondí enojado, mientras me daba cuenta que me acababa de meter en un grave problema.
Ese día volví a casa devastado. Mi propia boca me había puesto entre la espada y la pared. Pensaba que todo iba a terminar en la clase y jamás me imaginé que alguien se iba a empecinar en querer ver mi fuerte. No podía decir que lo habíamos desarmado porque no era lógico, ni mucho menos confesar la verdad, porque iba a transformarme en un muerto político para todo el colegio. Y esa fue la peor noche que recuerdo de toda mi niñez.
Cerca de la una de la madrugada, no aguanté más y me aparecí en la habitación de mis padres, llorando. Les confesé que me había sentido mal por no haber ido a ningún lugar de vacaciones y que me inventé lo del fuerte. Y lo peor es que Marcelo quería venir a verlo mañana, después de clases.
Obviamente, ni vale la pena que transcriba lo que me dijeron y las caras de asombro. Mi madre me miró con cierta lástima y me dijo que iba a tener que confesarles la verdad a todos y pedirles perdón por semejante mentira.
Volví a la cama más destrozado aún e intenté dormirme.
A los quince minutos, sentí a mi papá que me tocaba el hombro.
-Dante, levántate. Y abrígate que hace frío.
-¿A dónde vamos?
-A construir ese fuerte- dijo, y se dio media vuelta.
Y esa noche, casi sin hablarnos y bajo el rocío de la madrugada, ayudé a mi papá a construir un fuerte…o algo parecido. Una vieja cucha del perro hizo de cuartel, unas viejas lonas sirvieron como techo. Algunas ramas de limonero hacían a su vez, de troncos. Y de mangrullo, pusimos una escalera que me ocupé personalmente de tapar con hojas de higuera. Cuando terminamos, casi dos horas después, mi papá, (que por cierto siempre fue un hombre de pocas palabras) me dijo:
-Ahora puedes traer a quien quieras, pero cuando se vayan, tú y yo vamos a hablar, largo y tendido.
El resto de la historia es predecible. Aunque mi amigo comprobó que había exagerado un poco, no pudo negar que lo que yo había dicho era la pura verdad. Y esa tarde, hasta jugamos un rato a los soldados e indios.
Pero a la noche, tuve una charla que no pude olvidar, aún con el paso de los años.
Lo que hiciste estuvo muy mal- dijo mi papá- y por eso, vas a tener penitencia. Esta vez te salvé porque soy tu padre y no quería que pasaras vergüenza. Pero en la vida, tienes que andar con la verdad, siempre, aunque sea fea o no te guste. La verdad es lo único que te va a ser una persona de bien.
Le pedí perdón y le agradecí por salvarme el pellejo. Pero principalmente por ayudarme a comprender el amor de Dios.
Hoy ya soy un hombre. Y muchas veces, vuelvo a meter la pata. Me equivoco, callo cuando debía hablar o hablo cuando debía haberme callado. Y entonces es cuando voy a la presencia del Señor y le digo que estoy consciente que me equivoqué, pero que por favor…me construya el fuerte. Le digo que si alguna vez mi papá lo hizo, El también puede ayudarme a salir del embrollo. Y en más de una madrugada, siento que el Padre me toca el hombro y me dice que de algún modo lo vamos a arreglar. Y me construye el fuerte. Aunque me haya equivocado, no me deja avergonzar. Paga mis deudas, me saca del lío, saca la cara por mí.
Claro que después tenemos que charlar “largo y tendido”, pero El siempre me ayuda a arreglar esos errores que me devastan el alma.
Si a lo mejor te equivocaste feo, o volviste a caer en eso que prometiste no volver, o si te alejaste de El e hiciste cosas que te da vergüenza solo de contarlas. Yo se que es bíblico el tener que asumir las consecuencias, pero también se que infinidad de veces, El puede transformar tus errores en algo bueno. El es capaz de tapar el error. De protegerte de la vergüenza. De tenerte una solución antes que amanezca.
No te lo olvides nunca.
El es un gran constructor de fuertes.
Era el primer día de regreso a clases, a principios de Marzo. Y la maestra insistió con el mismo método pedagógico que venía usando desde el primer grado: preguntarle a cada alumno a dónde habían pasado sus vacaciones. Uno a uno iban levantando la mano y diciendo en voz alta los lugares que habían visitado. Y la inmensa mayoría tenía una historia que contar. Las montañas. El mar. La carpa junto al río. La nieve en algún lugar remoto.
Fue entonces que me cansé de ser pobre, supongo. O de no haber podido ir a ninguna parte, casi nunca.
-Yo no fui a ningún lado, porque no quise –confesé con la mano alzada.
-¿Cómo que no quisiste? –replicó la maestra.
-Si, porque mi papá me dijo que podía elegir: o íbamos a algún lugar de vacaciones o me construía un fuerte.
-¿Un fuerte? ¿Cómo que un fuerte? –contestó.
A esta altura me había ganado la atención de toda la clase. Fue la primera vez que sentía que yo era por fin, importante para los demás, y dejaba de ser el alumno invisible de siempre.
Obviamente, lo del fuerte era mentira, pero por alguna razón sentía que se me había ocurrido una buena idea para no ser menos que los demás. Era justo que por
esta vez, me tocara a mí ser el centro de las miradas y los comentarios.
-Un fuerte de verdad –agregué- un fuerte como tienen los soldados en las películas, con troncos alrededor, con un mangrullo para ver los indios de lejos, con armas, con una bandera…me lo hizo mi papá al fondo de mi casa porque el es carpintero.
-Qué bueno. Con semejante regalo es lógico que no hayas querido irte de vacaciones- finalizó la maestra.
En el recreo me rodearon casi todos los compañeros pidiéndome detalles. Y como ya no me sentía avergonzado de no haberme ido de vacaciones, no escatimé en agregarle lo que se me ocurría a la virtual construcción del fondo de mi casa. Dije que era inmenso, tamaño real. Que tranquilamente podía albergar a toda la clase, que seguramente algún parque de diversiones iba a querer comprarlo, algún día. Todos los alumnos me miraban asombrados. Que tipo con suerte. Tener un papá que te construya un fuerte para uno solo. Esas eran verdaderas vacaciones, si señor.
Pero alguien decidió arruinarme el día.
-Si es verdad, queremos ir a verlo –dijo un “mal compañero” que se llamaba Marcelo Negri.
-¿H…oy? –tartamudeé- hoy no se va a poder, porque mi mamá está muy enferma (a esta altura, una mentira mas era una manchita más al tigre).
-Entonces mañana, ¿o te inventaste todo eso del fuerte? –dijo.
-¿Cómo me lo voy a inventar? Si les digo que tengo un fuerte, es porque es verdad- respondí enojado, mientras me daba cuenta que me acababa de meter en un grave problema.
Ese día volví a casa devastado. Mi propia boca me había puesto entre la espada y la pared. Pensaba que todo iba a terminar en la clase y jamás me imaginé que alguien se iba a empecinar en querer ver mi fuerte. No podía decir que lo habíamos desarmado porque no era lógico, ni mucho menos confesar la verdad, porque iba a transformarme en un muerto político para todo el colegio. Y esa fue la peor noche que recuerdo de toda mi niñez.
Cerca de la una de la madrugada, no aguanté más y me aparecí en la habitación de mis padres, llorando. Les confesé que me había sentido mal por no haber ido a ningún lugar de vacaciones y que me inventé lo del fuerte. Y lo peor es que Marcelo quería venir a verlo mañana, después de clases.
Obviamente, ni vale la pena que transcriba lo que me dijeron y las caras de asombro. Mi madre me miró con cierta lástima y me dijo que iba a tener que confesarles la verdad a todos y pedirles perdón por semejante mentira.
Volví a la cama más destrozado aún e intenté dormirme.
A los quince minutos, sentí a mi papá que me tocaba el hombro.
-Dante, levántate. Y abrígate que hace frío.
-¿A dónde vamos?
-A construir ese fuerte- dijo, y se dio media vuelta.
Y esa noche, casi sin hablarnos y bajo el rocío de la madrugada, ayudé a mi papá a construir un fuerte…o algo parecido. Una vieja cucha del perro hizo de cuartel, unas viejas lonas sirvieron como techo. Algunas ramas de limonero hacían a su vez, de troncos. Y de mangrullo, pusimos una escalera que me ocupé personalmente de tapar con hojas de higuera. Cuando terminamos, casi dos horas después, mi papá, (que por cierto siempre fue un hombre de pocas palabras) me dijo:
-Ahora puedes traer a quien quieras, pero cuando se vayan, tú y yo vamos a hablar, largo y tendido.
El resto de la historia es predecible. Aunque mi amigo comprobó que había exagerado un poco, no pudo negar que lo que yo había dicho era la pura verdad. Y esa tarde, hasta jugamos un rato a los soldados e indios.
Pero a la noche, tuve una charla que no pude olvidar, aún con el paso de los años.
Lo que hiciste estuvo muy mal- dijo mi papá- y por eso, vas a tener penitencia. Esta vez te salvé porque soy tu padre y no quería que pasaras vergüenza. Pero en la vida, tienes que andar con la verdad, siempre, aunque sea fea o no te guste. La verdad es lo único que te va a ser una persona de bien.
Le pedí perdón y le agradecí por salvarme el pellejo. Pero principalmente por ayudarme a comprender el amor de Dios.
Hoy ya soy un hombre. Y muchas veces, vuelvo a meter la pata. Me equivoco, callo cuando debía hablar o hablo cuando debía haberme callado. Y entonces es cuando voy a la presencia del Señor y le digo que estoy consciente que me equivoqué, pero que por favor…me construya el fuerte. Le digo que si alguna vez mi papá lo hizo, El también puede ayudarme a salir del embrollo. Y en más de una madrugada, siento que el Padre me toca el hombro y me dice que de algún modo lo vamos a arreglar. Y me construye el fuerte. Aunque me haya equivocado, no me deja avergonzar. Paga mis deudas, me saca del lío, saca la cara por mí.
Claro que después tenemos que charlar “largo y tendido”, pero El siempre me ayuda a arreglar esos errores que me devastan el alma.
Si a lo mejor te equivocaste feo, o volviste a caer en eso que prometiste no volver, o si te alejaste de El e hiciste cosas que te da vergüenza solo de contarlas. Yo se que es bíblico el tener que asumir las consecuencias, pero también se que infinidad de veces, El puede transformar tus errores en algo bueno. El es capaz de tapar el error. De protegerte de la vergüenza. De tenerte una solución antes que amanezca.
No te lo olvides nunca.
El es un gran constructor de fuertes.
LA HISTORIA DEL PILOTO
Dicen que era un piloto experimentado. Horas de vuelo en su haber. Pero que nunca le había sucedido una experiencia semejante.
Sobrevolaba el océano con su avioneta a hélice cuando lo sorprendió un ruido extraño debajo del asiento. Una inmensa rata, correteaba entre sus pies. Fueron los minutos más patéticos de su carrera como piloto aéreo. Un sudor frío recorrió su espalda mientras buscaba desesperadamente un lugar donde aterrizar de emergencia, detalle bastante difícil si tenemos en cuenta que volaba sobre el mar.
Y fue entonces que se le ocurrió un plan alternativo.
En vez de buscar un sitio para aterrizar, decidió levantar más altura. Se elevó por encima de lo que jamás había volado, y la rata, que no soportó la presurización, murió en el acto.
Hubiese dado cualquier cosa, porque alguien me contara esta historia, cuando era mas joven. Cuando estaba pendiente de todas las críticas. Cuando me importaba demasiado el “qué dirán”. Supongo que de haber oído la historia del piloto, hubiese logrado mucho más de lo que El Señor me demandaba por aquel entonces.
Siempre existirán las críticas constructivas y serán bienvenidas. Pero también estarán los roedores, aquellos que sólo corretean entre los pies de los que andan en las alturas.
Por algo, el genial Maxwell dice “Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.
A esos miles de pioneros, a los que pagan el precio de la crítica, a los que viven diez años adelantados, a los que están en la vanguardia, a los que se arriesgan a una milla extra, a los que no miden los costos, a los que provocan los éxitos; a todos ellos, les dedicamos esta historia.
Cuando sientas a los roedores, sube más alto.
Las ratas nunca soportarán la altura
Sobrevolaba el océano con su avioneta a hélice cuando lo sorprendió un ruido extraño debajo del asiento. Una inmensa rata, correteaba entre sus pies. Fueron los minutos más patéticos de su carrera como piloto aéreo. Un sudor frío recorrió su espalda mientras buscaba desesperadamente un lugar donde aterrizar de emergencia, detalle bastante difícil si tenemos en cuenta que volaba sobre el mar.
Y fue entonces que se le ocurrió un plan alternativo.
En vez de buscar un sitio para aterrizar, decidió levantar más altura. Se elevó por encima de lo que jamás había volado, y la rata, que no soportó la presurización, murió en el acto.
Hubiese dado cualquier cosa, porque alguien me contara esta historia, cuando era mas joven. Cuando estaba pendiente de todas las críticas. Cuando me importaba demasiado el “qué dirán”. Supongo que de haber oído la historia del piloto, hubiese logrado mucho más de lo que El Señor me demandaba por aquel entonces.
Siempre existirán las críticas constructivas y serán bienvenidas. Pero también estarán los roedores, aquellos que sólo corretean entre los pies de los que andan en las alturas.
Por algo, el genial Maxwell dice “Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.
A esos miles de pioneros, a los que pagan el precio de la crítica, a los que viven diez años adelantados, a los que están en la vanguardia, a los que se arriesgan a una milla extra, a los que no miden los costos, a los que provocan los éxitos; a todos ellos, les dedicamos esta historia.
Cuando sientas a los roedores, sube más alto.
Las ratas nunca soportarán la altura
ANIMO INIESTA

La peor noticia de ayer no fue que el Villarreal empatara en el último minuto y retrasara -sólo retrasara- la fiesta por el título de Liga. La peor noticia fue la lesión de Iniesta, que podría perderse, incluso, la final de la Champions. ¡Qué mala suerte!. Andrés se ha convertido, sin duda alguna, en el futbolista más en forma del Barça en las últimas semanas y su gol agónico en Stamford Bridge le ha catapultado al púlpito de los héroes blaugrana. Esta lesión muscular -la tercera, por cierto, que sufre esta temporada- pone en jaque su participación en el partido más importante que le queda al equipo de Guardiola: el duelo con el Manchester United por la supremacía europea.
Estoy convencido, como dijo anoche el propio Guardiola, que los servicios médicos del club harán todo lo posible (y lo imposible) para que Iniesta pueda jugar la final de la Champions. En estos momentos, el centrocampista es tan necesario para el equipo como lo es el propio Messi. Los dos son, sin duda, lor jugadores más desequilibrantes del mundo y los que más daño pueden hacer a la defensa del Manchester en Roma. La presencia intimidatoria de Iniesta -ya vimos como Hiddink hizo que Ballack se sacrificara marcando al blaugrana en Londres- es vital para un conjunto que basa su potencial en el fútbol ofensivo e imaginativo, del cual Andrés es su principal valedor.
Confiemos, pues, en un milagro médico. O en dos, porque también necesitamos a Henry para la final de la Champions. Aunque, de momento, hay que pensar en la otra final, la de Copa, que se juega el miércoles en Valencia contra el Athletic. Guardiola, seguro, tiene más dudas que nunca sobre qué jugadores debe utilizar para este partido. Si, matemáticamente, la Liga ya estuviera ganada, sería una cosa. Pero ahora, psicológicamente, el Barça necesita conquistar la Copa. Este debate -titulares o suplentes- lo guardamos para mañana.
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